la tribuna

Luis Felipe Ragel

Encontrarás críticos...

TODA labor crítica tiene un período inicial en el que se predetermina un nivel de calidad. Algunas obras superarán ese listón y merecerán una alta calificación; otras se quedarán por debajo y sólo obtendrán el rechazo, la reprobación o el consejo paternalista.

Siempre podremos encontrarnos en cualquier actividad a personas que han sabido mantener la ilusión que tenían al principio y siguen aplicando el mismo rigor que adoptaron en sus comienzos, procurando no dejarse llevar por las simpatías o repulsiones personales hacia la persona cuya labor se enjuicia.

Pero, por desgracia, esos son casos contados. Las fuerzas humanas son limitadas y tarde o temprano comienzan a flaquear. Lo más frecuente es que el crítico que emprendió su labor con entusiasmo vaya convirtiendo con el paso de los años su inicial vocación en un rutinario trabajo, que las críticas pendientes de realizar vayan acumulándose en su mesa, que el escaso tiempo de que dispone atenace su criterio y opte en muchas ocasiones por pulsar el piloto automático, la llamada profesionalidad, para salir del atasco originado. Y es que, como decía Marañón, "la rapidez, que es una virtud, engendra su vicio, que es la prisa".

Sólo así se puede explicar que escritores de fama mundial, que han tenido un éxito de ventas que aún perdura, vieron cómo sus primeras obras eran rechazadas por las editoriales después de ser examinadas por miopes lectores. Si no hubieran tenido una tenacidad a prueba de medianías, Julio Verne, Arthur Conan Doyle o Agatha Christie estarían hoy sepultados junto con sus obras y personajes.

El crítico tiene sus amigos y enemigos, personas que le han ayudado y otras que le dieron la espalda, creadores a los que espera agradar con sus opiniones y otros a los que quiere darse el gusto de molestar. El crítico sabe que tiene un público que lee o escucha sus opiniones y eso le hace sentirse fuerte.

De la misma manera que muchas personas admiran en pintura el trabajo de Antonio López, en el cine existen unos directores que hacen películas que los críticos llaman peyorativamente de qualité, como si fuera negativo utilizar maravillosas imágenes, perfectos decorados y música magistral. Dentro de ese reducido grupo de directores se encuentran David Lean, James Ivory, Agnieszka Holland y las últimas películas de nuestro José Luis Garci, para mí el mejor director de cine español, con diferencia.

También incluyo en esa reducida élite al inglés Roland Joffé, que empezó sus labores de director con films de la categoría de Los gritos del silencio y La misión, nominados al Oscar, y que alcanzó su más alta cumbre en Vatel, película deslumbrante por su ambientación y colorido, maravilloso caleidoscopio cuyo protagonista es el Gran Condé, personaje muy querido por mí, al que le di un papel decisivo en una de mis novelas.

La última película de Joffé es Encontrarás dragones, una historia de dos españoles que transcurre durante las cuatro primeras décadas del siglo pasado. Uno de esos personajes es José María Escrivá de Balaguer, lo que ha dotado a la película de cierta polémica porque en seguida han salido los sabiondos advirtiendo que uno de los principales productores del film era miembro del Opus Dei, lo que explica que estuviera tan bien tratado su fundador, canonizado en 2002 por Juan Pablo II. Por supuesto, no han sabido valorar que el director, aunque de ascendencia judía, es agnóstico y que él también es coproductor de la obra.

No es de las mejores películas del realizador inglés, pero tampoco es de las peores. Desde luego, es mucho mejor que la media de lo que estamos acostumbrados a ver durante los últimos tiempos. Para mí, la película resulta interesante precisamente por la parte que se dedica a Escrivá, cuya personalidad es arrolladora incluso para muchas personas que, como es mi caso, no tienen sus mismos ideales.

En la revista de cine más antigua de nuestro país, la crítica de este film no apareció en la versión en papel y sólo puede leerse en internet. Como era de esperar, la película ha sido calificada con dos puntos sobre cinco, exigua e injusta calificación si tenemos en cuenta las generosas calificaciones realizadas habitualmente por el crítico que la evaluó, para el que parece que el cine está pasando por su mejor momento.

Pero ya es sabido que muchos críticos no se atreven a decir que la última película de Scorsese es truculenta y previsible, o que la aclamada Origen de Nolan tiene una estructura narrativa que irrita al más apacible espectador. Sería un pecado de lesa criticidad hablar mal de esas películas perfectamente prescindibles.

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