La ciudad y los días

Carlos Colón

Energúmenos

NI los socialistas son tan "rompepatrias" y "comecuras", ni los populares son tan "fachas" y clericales, ni los cristianos -entre los que hay votantes de ambos- son tan integristas. Entonces, ¿por qué dicen los unos de los otros que lo son? Discurso de jerarcas, se me dirá, empeñados en una estrategia electoral en la que cada vez es más importante desacreditar al otro que acreditar las propuestas propias. Pero hay otra pregunta de más difícil respuesta: ¿por qué los jerarcas socialistas, populares y religiosos se presentan a sí mismos de formas tan desfavorecedoras, por qué parecen empeñados en ofrecer sus perfiles más extremos, por qué se esfuerzan por hacer realidad lo peor que sus oponentes dicen de ellos?

Quien se mueva en esas varias realidades que conforman la afortunadamente plural realidad española podrá constatar que la mayoría de los socialistas, populares y cristianos con los que hable razonadamente no son tan extremistas como los jerarcas que los representan (el caso católico, además, es transversal: desde hace años está constatado que creencias e ideología ya no van, afortunadamente, de la mano). España está dando el curioso espectáculo del sentido común cívico de los representados frente a la radicalización de los jerarcas políticos o religiosos que los representan. Lo malo es que, de seguir así las cosas, los segundos podrán más que los primeros y la crispación y radicalización de los representantes o jerarcas acabará empapando -con la poderosa ayuda de medios de comunicación descaradamente adictos a unos u otros- a los ciudadanos representados.

Ser cristiano no quiere decir votar a este u otro partido: la creencia impregna y ordena toda la existencia, afectando todas las decisiones, y políticamente se expresa en opciones que no son necesariamente coincidentes. Cristianos habrá que encuentren más ajustado a sus creencias votar al PP, al PSOE o a IU. Como militantes y votantes de todos los partidos -de derechas o de izquierdas- serán creyentes, agnósticos o ateos con independencia de las siglas que voten. Esta es una realidad que aborrecen por igual los energúmenos de izquierdas y de derechas que, por los motivos distintos de satanizarlo o de apropiárselo, están empeñados en hacer creer que el cristianismo es necesariamente de derechas. El número de estos energúmenos crecerá si quienes tienen responsabilidades de gobierno o de liderazgo siguen empeñados en alentar a quienes corean "vamos a quemar la Conferencia Episcopal" o a quienes quieren volver al nacional catolicismo. Es más fácil gritar eslóganes que pensar, insultar que dialogar.

Etiquetas

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios