la ciudad y los días

Carlos Colón

Energúmenos

EL problema no está en la izquierda o la derecha. Desde hace muchos años ni la una ni la otra son totalitarias. El problema está en España, país tradicionalmente fértil en energúmenos. Afortunadamente treinta años de democracia, y el sano sentido común de la mayoría de los españoles, ha mermado su floración. Pero no ha logrado erradicarlos. Lo triste es que el griterío de esos pocos energúmenos a veces se impone sobre el tono mesurado de la mayor parte de los políticos, de los medios y de los ciudadanos. Por eso una saludable distancia separa la España que reflejan los energúmenos -ya sean políticos, ciudadanos, medios o tertulias contaminadas por el griterío de los programas del corazón- y la España que percibimos en nuestra cotidiana experiencia y que se expresa votando o manifestándose pacíficamente.

Véase el caso del asalto al colegio de Mérida. Energúmenos son los niñatos que lo asaltaron móvil en mano -"os estamos grabando, somos menores, si nos tocáis os denunciamos"-, eslogan estúpido en boca -"¿Dónde están los curas, que los vamos a quemar?", "Más filosofía y menos teología", "Fuera los crucifijos"- y violencia en las actitudes -daños a las instalaciones y agresión a una profesora-. Energúmenos son los medios que han señalado culpables con nombres, fotografías y apellidos, sin tener pruebas. Energúmeno es el más señalado de ellos, Rafael González (militante de IU, en libertad con cargos), quien al ser preguntado por los gritos de "vamos a quemar a los curas" ha respondido: "Igual lo dijeron en tono chistoso o irónico... Puede que se sacara de contexto. No había intención de quemar a nadie, no llevábamos gasolina. Esto se tiene que quedar en el ámbito de lo privado, no hay que hacer un circo". Y energúmeno es el señor Llamazares al afirmar que el "acoso" a González es otra "barbaridad" del Ministerio del Interior de Jorge Fernández Díaz, "tomado por los Legionarios de Cristo y el Opus Dei".

No hace falta ser un lince con aguda visión democrática para saber que los colegios no pueden asaltarse, que no se puede gritar -ni tan siquiera en broma- que se va a quemar a alguien y que hacer ambas cosas no pertenece al ámbito de lo privado. No hay que ser licenciado en Derecho para saber que existe la presunción de inocencia y que no se puede acusar sin pruebas. No hay que ser constitucionalista para saber que los ministerios, en democracia, no se toman; y que la Constitución garantiza la libertad religiosa, lo que incluye que nadie pueda ser discriminado por su creencia o ateísmo, profesar una o otra religión o pertenecer a esta o aquella asociación religiosa. Basta con no ser un energúmeno.

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