Crónica personal

Pilar Cernuda

Enero negro

EN lo que va de año, sumamos cinco víctimas mortales por violencia doméstica, aunque al Gobierno le gusta llamarla violencia de género. Y además se ensombrece el escenario con la desaparición de varias niñas en distintos puntos de la geografía.

Sufrimos un enero negro en toda regla, un enero de pésimas noticias, de noticias que producen pavor y miedo. En Canarias dos crías han salvado milagrosamente la vida al gritar ante el presunto secuestrador, lo que impidió que su destino fuera como el del desaparecido Yeremi, y en Huelva unos padres desesperados buscan a su hija de 5 años, que fue a por chuches al quiosco de la esquina y que desapareció tras pronunciar la frase "mi mamá no me deja", que escuchó una vecina.

No se puede dejar de lado un dato importante: los cuatro presuntos culpables de las cinco muertes violentas, cuatro mujeres y un niño de 11 años, eran extranjeros. Teniendo en cuenta que la inmigración supone el 10 por ciento de la población, hay que empezar a asumir que la violencia doméstica empieza a ser un problema profundamente grave en el mundo de los que vienen a España para quedarse entre nosotros. Es posible que la causa de esa violencia se deba a un machismo propio de otras culturas, o de religiones que consideran que la mujer debe estar supeditada al hombre. Pero es necesario ir más lejos.

Estos últimos años la mujer española ha empezado a comprender que debe pelear por mantener su propia estimación, por su dignidad; tiene consciencia de que el maltratador siempre reincide -las excepciones son desgraciadamente muy escasas- y sabe que su denuncia va a tener una respuesta inmediata, con apoyo psicológico, moral y económico, y con medidas de alejamiento y ayudas para ella y sus hijos si necesitan rehacer su vida en otra población.

La otra cara de la moneda es que en un porcentaje demasiado alto de casos las mujeres acaban retirando la denuncia, por miedo a su marido o pareja, por dependencia económica, por dependencia afectiva e incluso por pena. Y precisamente la retirada de esas denuncias es la que suele anteceder al drama, al nuevo maltrato que puede acabar en asesinato. Por otra parte, en el mundo de la inmigración ilegal la denuncia es escasa por temor a que las autoridades españolas puedan proceder a la expulsión de la denunciante y de su familia. Sería necesaria una campaña informativa sólida y generalizada, para impedir así que las cifras de malos tratos de disparen. Como se están disparando.

Hemos dejado de ser un país seguro. Fuera y dentro de casa. Dentro, porque se da con demasiada frecuencia la situación aberrante de la mujer que duerme con su enemigo. Y fuera, porque además del robo y el atraco aparece esa sombra negra que hasta ahora seguíamos en el telefilme la trata de niños, la pedofilia, la pederastia.

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