La ciudad y los días

Carlos Colón

Enfrenta, que algo queda

LA noticia de la elección de Rouco como presidente de la Conferencia Episcopal es buena para los anticlericales y mala para los católicos. No es una buena noticia para los anticlericales razonables, pero sí para los primarios, retestinados o radicales; como no es una mala noticia para los católicos neoconservadores, constantinianos e integristas, pero sí para quienes echan de menos la santa sonrisa de Juan XXIII, el impulso del Vaticano II y la inteligencia dialogante de Tarancón.

Me explico. Es una buena noticia para los anticlericales primarios que aborrecen a la Iglesia, no por sus errores, sino por su mensaje; es una buena noticia para los anticlericales retestinados que despreciarían u odiarían a la Iglesia aunque esta fuera santa y perfecta, porque lo que en realidad desprecian como superstición o aborrecen como falacia es al Dios que predica y al que da culto; es una buena noticia para los anticlericales radicales que se alegran de los errores que cometa la Iglesia porque refuerzan sus tesis, tan endebles y viscerales que sólo pueden alimentarse de las equivocaciones de quienes ellos han decidido que son sus enemigos. Y es una mala noticia para los católicos no neoconservadores que quieren vivir el compromiso personal y eclesial de su fe en diálogo con una sociedad libre y plural; es una mala noticia para los católicos no constantinianos (unión del poder civil y el religioso) que creen que la Iglesia tiene mayor autoridad moral cuanto mayor sea su independencia de los poderes y más intenso su compromiso con los desposeídos (de bienes, de alma, de libertad, de formación, de ternura, de su propia dignidad…); es una mala noticia para los católicos no integristas que creen necesario elaborar una ética mundial consensuada entre no creyentes y creyentes, sin que los primeros renuncien a sus principios ni los segundos a su pretensión de Verdad (porque este proyecto, que impulsan entre otros Hans Küng o José Antonio Marina, nada tiene que ver con el relativista pensamiento débil ni con el sincretismo).

Tampoco es que sea una pésima noticia, porque la mayoría de creyentes y no creyentes es más plural y razonable que sus pastores y líderes. Aunque la pronosticada victoria de Zapatero el día 9 y la de Rouco ayer prometen más ediciones del síndrome Roupatero y Zaparouco, mal que viene muy bien a quienes desde el PSOE y la Conferencia Episcopal creen que el enfrentamiento legitima a los socialistas como progresistas, enarbolando un anticuado anticlericalismo, y justifica la alianza de la Iglesia con la derecha que dice defenderla de supuestas persecuciones.

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