en tránsito

Eduardo Jordá

Enhorabuena

MIENTRAS se iba fraguando la quiebra que nos ha llevado a la situación dramática que vivimos, nuestra clase política ha perdido años y años discutiendo asuntos tan trascendentales como la reforma del Estatuto de Andalucía o la polémica sobre la asignatura de Educación para la Ciudadanía, justo en el país europeo que tiene menos alumnos con conocimientos sólidos de inglés y donde hemos alcanzado los índices más escandalosos de fracaso escolar.

¿Tan importante era reformar el Estatuto de Andalucía? ¿Tan trascendental era el debate sobre una asignatura que apenas tenía importancia en el temario escolar? Pues éstos han sido los temas que han concentrado nuestra atención en estos últimos años, justo cuando nuestro nivel de deuda pública y privada iba creciendo a pasos agigantados. Y a la vez que nos íbamos convirtiendo -y sin saberlo- en nuevos pobres con cada día que pasaba, nos creíamos unos nuevos ricos que podían permitirse el lujo de reformar un Estatuto que prometía cosas que nadie sabía cómo se podrían financiar. Y al mismo tiempo que nuestros alumnos se aburrían en clase o suspendían de forma calamitosa -o mejor dicho, no progresaban adecuadamente-, nuestros políticos se enzarzaban en debates bizantinos sobre los contenidos de una asignatura que en el fondo no era más que una maría. Hay que ver lo listos que hemos sido.

Como soy un poco masoquista, he repasado el Estatuto de Autonomía andaluz, que se aprobó en referéndum en 2007 y que nos tuvo entretenidos durante dos años con debates y polémicas. El artículo 169, por ejemplo, establece lo siguiente: "Los poderes públicos fomentarán el acceso al empleo de los jóvenes y orientarán sus políticas a la creación de empleo estable y de calidad para todos los andaluces y andaluzas. A tales efectos, establecerán políticas específicas de inserción laboral, formación y promoción profesional, estabilidad en el empleo y reducción de la precariedad laboral". Pido disculpas por la sintaxis lamentable del Estatuto, pero reparemos un segundo en esta prodigiosa columna de humo burocrático. El Estatuto garantizaba unas circunstancias laborales -como la estabilidad o los empleos de calidad- que ninguna Administración Pública está en condiciones de garantizar, porque esas condiciones dependen de la capacidad de gasto público y de las fluctuaciones de los ciclos económicos. Y ahora, cinco años después de que entrara en vigor el nuevo Estatuto, ya sabemos en qué quedó todo aquello de la estabilidad laboral y del acceso al empleo de los jóvenes: un 50% de los jóvenes andaluces está en paro y el 33% de la población laboral adulta también lo está. Desde aquí trasmito mi más sentida enhorabuena a quien corresponda.

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