Visto y oído

Antonio Sempere

Entendedor

F UE sutil Miguel Castro a la hora de enjuiciar Todo es silencio en Días de cine. Era delicado hacerlo. Se trata de una película participada por TVE, elegida por la Seminci para su noche inaugural. Pero una adaptación fallida se mire por donde se mire, la menos lograda del universo creado por José Luis Cuerda. Los reporteros desplazados al festival vallisoletano no podían defraudar a sus seguidores. A buen entendedor, pocas palabras bastan. El veredicto quedó muy claro. Sin ofender.

Más cómodo resulta, casi siempre, ensalzar y recomendar aquello que ha gustado. Como le ocurrió a Raúl Alda con los dos títulos más optimistas de toda la sección oficial. Rumbo al norte, de Mika Kaurismaki, un viaje iniciático de reencuentro entre padre e hijo con muchas materias pendientes, y sobre todo Amor y letras, de Josh Radnor, una inteligente inmersión en lo que supone el proceso de hacerse adulto en el contexto del campus universitario norteamericano, cuya estructura departamental no se libra de la crítica lúcida del guionista, productor, director y protagonista, siempre el mismo Radnor.

Quien habla claro y transparente, como lo ha hecho Javier Marías rechazando el Premio Nacional de Narrativa, es su colega Juan Marsé, que en un plano fijo, durante hora y media hablando a cámara, cuenta a Augusto M. Torres anécdotas relacionadas con toda su producción literaria, y con sus fallidas adaptaciones cinematográficas. En Juan Marsé habla sobre Juan Marsé priman el testimonio directo y la sinceridad de quien nada tiene que perder. Ni al recordar por qué abandonó el jurado del Premio Planeta, tras comprobar de primera mano cómo todo estaba pactado desde las alturas y asegurar que algunos miembros de dicho jurado ni siquiera se leían las finalistas. Marsé no necesita ser sutil. El buen entendedor lo agradece y sonríe con una mueca cómplice.

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