BREIKIN NIUS

Ignacio Gago /

Enterradores en paro

SIN anestesia: la televisión en España goza de una salud de hierro pese a la crisis, la fragmentación de las audiencias, Intereconomía, el negro futuro de las autonómicas, los videntes y teletiendas o las Belenes Esteban y clones subidas en La noria gritando Sálvame. Si es de los que cuando tira del mando exclama un casino "esta noche no ponen nada que merezca la pena", recuerde las veces que hojeó la cartelera de cine en el periódico y no encontró una película que le llevara a la sala más próxima con efectos retroactivos. Eso sí, con la diferencia de que la tele es gratis total -públicas al margen- y en el cine le clavan en la entrada, el coca-cola y las palomitas. Además, en el pago por visión recuerde el sablazo de hace una década por ver un partido de campanillas y los saldos que existen en la actualidad para comprar toda la temporada liguera los choques del Madrid o el Barça. Eso sí que son rebajas, oiga. Por no hablar de las rebajas para abonarse a las ofertas de pago en comparación con pretéritos oligopolios de Canal Plus, Canal Satélite y Vía digital.

Todo español tiene dentro un seleccionador nacional de fútbol y un programador de televisión en potencia que cree conocer al dedillo qué reformas habría que adoptar para fulminar la telebasura, lograr informativos alejados del gobierno, cuidar el horario infantil, finiquitar los bloques publicitarios de largo recorrido, eliminar a los videntes y echadores de cartas y, ya puestos, saber el nombre del idóneo presidente de RTVE, el relevo ideal de Vasile al frente de Telecinco y qué cantante nos representaría en Eurovisión con éxito para ganar de una vez el certamen. En Vitoria acaba de bajar el telón el FesTVal, el Festival de TV y Radio que en apenas tres años ha alcanzado con brillantez su mayoría de edad. La capital vasca se erige como la capital televisiva del país coincidiendo con el inicio de la temporada y, salvando las distancias, se convierte en lo más parecido a los envidiados festivales internacionales de TV con sede en Cannes. Incluso sus premios de la crítica levantan pocas críticas por dar casi siempre en el clavo, no como unos TP desprestigiados a marchas forzadas y otros similares que no levantan cabeza.

No haga demasiado caso a los enterradores y agoreros sobre la televisión. El mes pasado, sin ir más lejos, los españoles dedicamos 193 minutos de media a la pequeña pantalla, lo que supone el mayor récord de consumo de la historia en agosto. Y eso que un sesudo estudio publicado por investigadores australianos afirma que cada hora que un adulto está viendo la televisión reduce su esperanza de vida en 22 minutos. O sea, que nos hemos convertido ya, y sin saberlo, en inmortales.

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