Y a usted, ¿le atienden?

Pedro Caballero- Infante / Caballeroinf@ Hotmail.com

Errores fonéticos

QUIEN crea que las denuncias por mala praxis en el ámbito sanitario son algo de ayer por la mañana comete un craso error. Igual quien piense que las acusaciones siempre inciden en la diana médica.

El farmacéutico se la juega diariamente, con menos frecuencia que otros profesionales sanitarios que también, dicho sea de paso, tienen su cuota porcentual de riesgo según la especialización.

Han existido casos dramáticos, ahí están las hemerotecas o la señorita Wikipedia, en que algún que otro boticario ha sido juzgado y condenado por errores farmacéuticos. Pero aquí está la pregunta clave: ¿Estos errores han sido imputables al farmacéutico solo o... en compañía de otros?

Un caso sonado fue el de una prescripción médica, deficientemente escrita (ahí estuvo el quid del juicio) que produjo la muerte de un paciente. El error estuvo causado por la similitud ortográfica entre un medicamento antigotoso y otro de contraste coleocistográfico.

El primero tiene una posología media de un comprimido cada ocho horas y el segundo de dos cada cinco minutos, la noche antes de la prueba radiográfica. El paciente tenía ácido úrico pero no problemas vesiculares y el boticario le dispensó el segundo. ¿Hay duda sobre el resultado del error?

El Consejo General de Colegios Farmacéuticos envía, de un tiempo a esta parte, a todas las farmacias españolas unos impresos por los que se pueden notificar errores ocasionados por similitud fonética u ortográfica. Tal iniciativa está ayudando a evitar estos problemas que, cuando menos, ocasionan reacciones adversas

-Don José, a si el hombre me ha resetao er Sesilio 10 que yo sin é no pueopegá ojo.

Don José sabe, por lo del trato personal, que Elvira se refiere a una benzodiazepina que toma habitualmente.

Pero no en todos los casos hay esta relación tan estrecha entre paciente, boticario y médico; de ahí que gracias a la iniciativa de los Colegios Farmacéuticos, y la colaboración de las Cooperativas, se haya cambiado el nombre de algún medicamento y así disminuido los problemas producidos por similitud ortográfica y fonética.

Antonio, el amigo periodista de don José, que ha venido al cafelito semanal, le recuerda la famosa conversación telefónica que presenció en la que el boticario intentaba explicarle a Modesta, la entrañable viejecita, la posología de tres medicamentos de similitud fonética: Ansium, Nansius y Halción.

-Modesta, el Halción sólo por la noche.

-¿Mande…?

-Que el que usted me dice es el Ansium.

-¿El asú...?

-No. Me refiero al nombre, no al color. Pero… sí. El de la cápsula azul y blanca.

-¿La caja... asú?

-La caja azul es la del Nansius.

-Esa dicho usté que é pá dormí de noche.

-No. La de dormir es la….azul, pero un azul... ¡más fuerte!

-¿ fuerte? Yo no pueo gritá má, don José.

-Si no le digo que chille, sino que el color azul fuerte es el de la caja….

-¿Caja? En una caja, pero de pino, viá terminá yo.

-Voy para allá Modesta.

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