En tránsito

eduardo / jordá

Escepticismo

UNA sobrina mía, que nació justo cuando España entró en la Unión Europea y que ahora vive en Londres, me dice que va a votar a los euroescépticos británicos del UKIP. Ya sé que hay muchos motivos para estar decepcionado por el funcionamiento de la Unión Europea, donde los parlamentos nacionales apenas tienen peso político y donde se ha impuesto el control bancario de nuestras vidas, un poder que ejercen personas -y además muy pocas- que no conocemos y que nadie ha podido elegir. Y también es cierto que la burocracia y la ineficiencia de las instituciones europeas son aterradoras, igual que los privilegios obscenos de los que disfrutan sus funcionarios. ¿Cómo es posible que un eurodiputado cobre un mínimo de 8.000 euros por empujar papeles con la nariz? ¿Y por qué algunos países se prestan a evadir los impuestos que podrían beneficiarnos a todos? Nadie lo sabe.

Pero me pregunto si sería mejor una Europa desunida y enfrentada de nuevo, como ocurrió en una gran parte del siglo XX. Ahora mismo, con los recortes salvajes, nos creemos que los prósperos ciudadanos del Norte nos atacan y nos exprimen con sus crueles exigencias de austeridad, pero nadie se acuerda de los tiempos en que vivíamos -y bastante bien, por cierto- a costa del dinero que llegaba de los fondos europeos. Y los que tenemos una cierta edad y tuvimos que vivir en un país aislado y encerrado en sí mismo, como era la España franquista, podemos apreciar todas las ventajas que nos puede ofrecer Europa, unas ventajas que muchos jóvenes ya no ven tan evidentes o que ya han olvidado que existen. Pero si damos la espalda a la Europa actual, ¿sería mejor una Europa desunida y gobernada por líderes populistas que se dedicasen a enfrentarse con todos sus vecinos? Y en vez de la parálisis y la atonía de los dirigentes actuales, ¿serían mejores unos políticos que gritasen mucho y que afirmasen sin complejos que ellos, y sólo ellos, sabían solventar los problemas en dos patadas? Y yendo más allá, ¿podemos fiarnos de todos estos politiquillos que nos aseguran que ellos, y sólo ellos, acabarían con los corruptos de la noche a la mañana? ¿Y viviríamos mejor en una Europa de países pequeños con las fronteras siempre cerradas a los emigrantes? ¿Y sería mejor una Europa mucho más pequeña y más insignificante de lo que ya es? ¿Y una Europa que volviera a obsesionarse con los terribles fantasmas de la identidad nacional, ya sea la catalana, la valona, la británica o la española, la que sea? Dejo ahí las preguntas.

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