LA Junta de Andalucía tacha de catastrofistas los mensajes lanzados en la asamblea de la Confederación de Empresarios de Sevilla (CES) sobre el déficit de inversiones públicas, el incumplimiento de los plazos de las obras, la ubicación de la mezquita en el Parque Tecnológico y otros extremos. Los empresarios no sólo tienen razón al denunciar el déficit de inversiones, sino que incluso se quedan cortos en su evaluación de 4.782 millones de euros, pues hace varios años superaba con creces los 6.000 millones de euros en el periodo transcurrido desde la Expo. Asimismo, no puede despreciarse su queja sobre el incumplimiento de los plazos, porque ¿qué confianza puede inspirar una Administración que no cumple sus anuncios o promesas? Si muchas actividades están condicionadas a las inversiones en infraestructuras, ¿cómo el sector privado va a planificar los negocios si una variable que no depende de las contingencias de los mercados, sino de las decisiones públicas, genera más incertidumbre que los precios del petróleo? También se puede compartir la crítica de la CES sobre la inadecuación de la mezquita en la Cartuja. Cuando tanto se insiste en la necesidad de innovación y de desarrollo tecnológico de la actividad empresarial en un espacio concebido para que las sinergias fructifiquen, como es el caso de Cartuja-93, se adoptan decisiones que convierten la isla en un espacio residual en el que va cabiendo cualquier cosa: un parque temátic o, las caracolas de Urbanismo, oficinas de la Junta y, ahora, una mezquita en un sitio que el propio PGOU describe como reserva dotacional para las necesidades del Parque Tecnológico (laboratorios de investigación, por ejemplo) y no para ningún tipo de templo. Pero, señalados estos hechos, hay que decir también que la CES no debe achacar en exclusiva a las reducidas inversiones públicas el atraso relativo de Sevilla, pues su superación también está en función de la inversión productiva, la innovación, el dinamismo y la apertura al exterior, que dependen de los propios empresarios. Sevilla necesita la suma de los esfuerzos de todos: del sector público y del sector privado.

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