EN TRÁNSITO

Eduardo Jordá

Espacio vital

VIAJAR en avión podía ser un placer. Ahora se ha convertido en un tormento. Primero te registran de forma humillante y te someten a unas normas de seguridad absurdas (¿por qué no se puede pasar el control con un botellín de agua, si después se pueden comprar doscientos botellines en la zona de embarque?). Y luego, cuando llegas al avión, descubres que los asientos son incómodos y además dejan muy poco espacio libre entre las filas. Cada vez que te levantas o te sientas, debes hacer un ejercicio de contorsionismo (y someter a abusos a tu vecino de asiento). Eso es viajar en avión.

Pero todo lo que puede empeorar tiene la extraña costumbre de empeorar. Ya se ha anunciado que se podrá hablar por el móvil durante los vuelos ("¡Cuqui, ya estoy sobrevolando Córdoba!"). Y peor aún, el presidente de la compañía Ryanair declaró hace poco que sus aviones volarán algún día sin copiloto, ya que los auxiliares de vuelo tendrán que sustituir en caso de emergencia al piloto. El dueño de Ryanair también propuso una tasa para pasajeros obesos y el cobro del uso del baño en el avión. Y por último, tal vez consciente de que se había quedado corto en sus innovaciones, anunció a bombo y platillo que se proponía llevar en sus vuelos pasajeros de pie. De pie, han oído bien.

Todo esto sonaría a broma ridícula si no supiéramos que es verdad. Nos dirigimos hacia una especie de economía de guerra, en la que el bajo coste se convertirá en la única norma de la vida y en la que todo lo bueno que conocíamos va a pasar a ser un lujo por el que habrá que pagar. Por supuesto que nada de esto afectará a los que puedan pagarse los billetes de primera clase, pero la clase turista se irá convirtiendo -igual que la clase media en la sociedad- en una especie de sufrida clase de tropa que tendrá que soportar una progresiva degradación de su forma de vida. Nos instalaremos en la economía del bajo coste: bajos salarios, pésimos servicios y horarios desorbitados. Con tal de economizar, se va a permitir cualquier cosa. Y no va a ser una ocurrencia, sino una verdad, igual que los disparates que propone el propietario de Ryanair.

Creo que nos engañamos pensando que algún día vamos a recuperar el bienestar que hemos disfrutado desde hace tres décadas. El declive económico es irreversible. Hemos entrado en otro ciclo económico que aún no conocemos bien. Y está claro que perderemos derechos políticos, prestaciones sociales y calidad de vida. Y el que quiera viajar en avión por un precio razonable -sin copiloto, claro está-, tendrá que viajar de pie. Eso sí, podrá hablar por el móvil todo el tiempo que quiera. "¡Cuqui, ya me he abrochado el cinturón!", gritará alguien, sin aclararnos que va sujeto a su vecino de atrás, es decir, a su asiento.

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