El poliedro

José Ignacio Rufino

España sigue en primera, ¡bien!

LA calificación crediticia que otorga la agencia Moody’s a España se mantiene, y ésta es una de las buenas noticias económicas de la semana. La combinación de letras que las agencias internacionales de calificación –básicamente, Moody’s y Standard&Poor’s– otorgan a países o a entidades financieras viene a ser como las estrellas de un hotel: se otorgan a partir de ciertos parámetros “objetivos”, y no por todas las características de hotel (país, banco). En cualquier caso, los mejores clientes sólo quieren cinco estrellas, y pagan por ello en busca de seguridad, buen servicio y exclusividad. La conveniencia de que estos oráculos de las finanzas te evalúen alto –o concedan un buen rating con el mayor número de letras A posible– es indudable: millones de inversores y miles de intermediarios basan sus inversiones en dichas calificaciones.

En los tiempos que corren, que un experto global de reconocido prestigio te ponga galones altos es sencillamente vital. Y ello a pesar de los petardazos y fraudes masivos que ciertas entidades estadounidenses con la máxima calificación han perpetrado en los últimos tiempos: esta renovación de nuestro país como un sitio digno de  ser prestatario, prestamista o destino de inversiones es un respiro para nuestra consideración mundial como Estado. Zapatero y sus pretorianos económicos y fiscales habrán apretado los puños y proferido un “¡bien!” o quizá un “¡Uff!” al conocer la noticia: seguimos en primera división. Dado el encabronamiento vigente de la política española, no duden de que algunos habrán exclamado, por su parte, un decepcionado “¡Vaya por Dios!”, sobre todo tras el antecedente de Standard&Poor’s, que sí consideró hace seis meses que debíamos descender a Segunda. Más allá de nuestro circo político –dicho sea por los gladiadores contendientes–, Moddy’s nos dice “¡Cuidado!”, y desconfía de la actual forma de gestionar el presupuesto público, y de algunas patadas a seguir de nuestro Ejecutivo, sea en forma de financiación autonómica, sea por nuevas coberturas sociales para desempleados que tienden a crónicos: puro gasto.

Los pilares que Moody’s identifica para darnos un prórroga en nuestra estancia en el parnaso de los fiables son: la construcción de obras públicas –¿a alguien le extraña?–, la apuesta por las energías renovables –la sintonía del Gobierno con los programas de sostenibilidad de Obama son un activo nada desdeñable–, y la fortaleza de nuestra banca (de la privada, no las cajas de ahorro, que se están inmersas en una drástica depuración histórica). En este sentido, la pletórica marcha del mascarón de proa de nuestras finanzas, el Banco Santander, ha sido un buen flotador para mantener nuestra consideración patria como probo acreedor y honrado deudor. El banco que Botín comparte con miles de inversores ha publicado datos realmente buenos, también esta semana: enhorabuena a los premiados. Sus márgenes  sacan pecho en vez de acongojarse como los de todos. España necesita que la locomotora cántabro-universal no concentre sus negocios fuera, y que también tire del carro del crédito aquí.

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