El balcón

Ignacio / Martínez

España simétrica

LLAMA la atención a primera vista que los vascos partidarios de la independencia sean muchos menos que los catalanes. Mientras que en Cataluña secesionistas y unionistas andan más o menos igualados, en el Euskobarómetro publicado ayer el porcentaje de ciudadanos fuertemente partidarios de la independencia del País Vasco es de un 30%, frente a un 55% poco o nada interesado. Son muchas las posibles segundas lecturas. Un servidor se queda sólo con una idea: la Constitución del 78 reconoció los fueros vascos y navarros. Esto permitió en negociaciones posteriores que se acordaran un concierto vasco y un convenio navarro muy generosos con territorios en los que la banda terrorista ETA asesinó a 61 personas el año de la Constitución y a 72 en el siguiente.

Los nacionalistas defendían la vieja foralidad medieval, aunque el nacionalismo es un movimiento romántico del XIX. Se les aceptó con la esperanza de que el PNV apoyara la Carta Magna, pero se abstuvo. Y luego negoció un cupo en el que logró una financiación privilegiada para el País Vasco, hasta el punto que en muchas balanzas fiscales el saldo le sale a los vascos negativo: reciben más dinero del que aportan al Estado. Este favor fiscal está en el origen del agravio financiero catalán. "No contribuyen a la caja nacional y nosotros lo hacemos en exceso", dicen. El asunto es notorio. Uno de los padres de la Constitución, Gregorio Peces-Barba, me reconoció en 2005 que pudo ser un error conceder esta financiación excepcional a los vascos. Lo cierto es que ahora pasan menos apuros que el resto de los españoles, tienen mejores servicios y están más cómodos que los catalanes en el Estado.

Mientras el embrollo catalán no para de crecer y enredarse, la cuestión de la simetría entre las comunidades autónomas sigue de actualidad. El PSOE propone ahora una España federal. Asunto en el que parece que hay algo más que un roce entre Pedro Sánchez y Susana Díaz. La presidenta andaluza repite a piñón fijo que quiere una España simétrica, en contraste con la España federal de Sánchez, se supone que asimétrica. Pero ninguno de los dos dice ni palabra sobre la financiación vasca. Hay que entender que lo consideran parte del acervo nacional. No hay quien le ponga el cascabel a ese gato: todo el mundo reconoce que generaría un problema gravísimo en el País Vasco. El Estado, PP incluido, ha sido mucho más valiente con la financiación de Cataluña.

La financiación autonómica no parece satisfacer a nadie. A Andalucía, tampoco. Y en la solución debería entrar una revisión del modelo vasco navarro. Pero nadie de atreve.

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