FERNANDO FACES

España va bien, pero no lo suficiente

La fortaleza de la recuperación española sorprende a los analistas pese a los importantes riesgos que la acechan, como el freno del impulso reformista o la falta de competitividad

LA fortaleza del despegue de la economía española está sorprendiendo a propios y extraños. Todos los departamentos de análisis se han equivocado, subvalorando el potencial de nuestra economía. En estos momentos todos los motores de la nave de la economía española están encendidos. Sorprende el dinamismo del consumo de los hogares, que en el último trimestre de 2014 crece a una tasa interanual del 3,4%. Sorprende también la fortaleza de la inversión empresarial, sobre todo de la inversión en bienes de equipo, que creció a una tasa del 12,2% en 2014. Incluso la denostada construcción despega a una tasa interanual del 2,4%. Las exportaciones vuelven a tirar del crecimiento de PIB, animadas por la depreciación del euro y por la incipiente reactivación de la debilitada Economía Europea.

Todo ello ha contribuido a que el Producto Interior Bruto (PIB) avance a una tasa del 2% interanual en el cuarto trimestre de 2014. Y lo más reconfortante, el empleo está creciendo a una tasa del 2,4% interanual, por encima del crecimiento del propio PIB. Las reformas estructurales acometidas, la mejora de las expectativas de empleo, los 60.000 millones mensuales que va a inyectar el BCE, la incipiente recuperación del crédito, la bajada del precio del petróleo, la depreciación del euro, la creación de empleo, la reducción de los impuestos y la leve mejora de la renta disponible (0,7%), garantizan que la economía española va a seguir aumentando su velocidad de crecimiento en los próximos meses.

La pregunta que debemos hacernos es si éste crecimiento es lo suficientemente sólido y sostenible como para garantizar su continuidad en los próximos años. Todo va a depender de que el Gobierno que salga de las próximas elecciones, persevere en las reformas estructurales pendientes para una continua mejora de la productividad y competitividad. La gobernabilidad de España será fundamental para la sostenibilidad del crecimiento y la creación de empleo en los próximos años.

Todo se puede revertir. La economía española todavía es muy vulnerable. El endeudamiento interno, privado y público, sigue siendo excesivo y el endeudamiento externo, de los más altos de las economías desarrolladas, sigue creciendo. La deuda pública continúa aumentando y superará el 100% a finales de este año. El rosario de campañas electorales que vamos a sufrir este año dificultará el cumplimiento de los objetivos de déficit público. Esta misma semana, la Comisión Económica Europea nos advertía que si no seguimos reduciendo el gasto público, o aumentando los impuestos, no cumpliremos con el objetivo del déficit en 2015 y 2016, e incurriremos en desviaciones presupuestarias de 3.000 y 9.000 millones respectivamente. El sector privado, hogares y empresas, se está desendeudando muy lentamente. El 70% del incremento del consumo de los hogares está soportado por una disminución del ahorro, cuya tasa, en el último cuatrimestre, ha descendido hasta el 4,4%, la más baja de los últimos siete años. España necesita mejorar su capacidad de financiación interna, para que no vuelva a ocurrir que los futuros incrementos del consumo y la inversión, públicos y privados, los tengamos que financiar apelando exclusivamente a la financiación exterior. En último trimestre el déficit comercial ha aumentado un 50%. La balanza en cuenta corriente, que expresa nuestras necesidades anuales de financiación exterior, arroja un pequeño saldo positivo, muy inferior al que alcanzamos a finales de 2013. La mejora de la posición financiera de la economía española en los últimos años ha sido debida más a la caída de la inversión de los hogares, de las empresas y de la Administración Pública, que al fortalecimiento del ahorro público y privado. Esta es una asignatura pendiente.

Por otra parte la mejora de nuestra competitividad ha estado soportada más por la contención salarial que por las mejoras en la productividad del sistema productivo, privado y público. La liberalización de los mercados de bienes y servicios, la profundización en la reforma del mercado de trabajo, la reformas del sistema de seguridad social, del sistema energético, de las autonomías y su financiación, del mercado único interior, del sistema de desarrollo e innovación y de la educación y formación, son reformas pendientes, necesarias para reducir nuestra alta tasa de desempleo y soportar el estado de bienestar. El reparto de las cargas y sacrificios en la salida de la crisis está siendo desigual. La clase media está sufriendo, a punto de desaparecer, y las desigualdades en renta y riqueza creciendo. La política económica en el futuro no deberá limitarse a lo económico y profundizar en lo social. Es una gran tarea pendiente que necesita un Gobierno fuerte, estable y ético. La incertidumbre política planeará en los próximos meses sobre el futuro económico y social de nuestro país.

Existen otras incertidumbres externas que pueden condicionar el futuro económico de España. Tras la solución dada al desafío griego, Europa avanza hacia una política de mayor flexibilidad en la aplicación de los planes de austeridad. Recientemente la Comisión Europea ha permitido una nueva relajación de los calendarios de cumplimiento del déficit público de Francia y de Italia. Más adelante lo hará con Grecia, España y Portugal. Es la consecuencia de los excesos del denostado austericidio. La economía europea empieza a salir de su letargo animada por la depreciación del euro, el abaratamiento de la energía y la megainyección monetaria del BCE. Alemania vuelve actuar de locomotora. Sería un grave error, que está incipiente recuperación y relajación fiscal fuera acompañada del abandono de las necesarias reformas estructurales en todos estos países. El problema de fondo de Europa es de competitividad.

Preocupa también la desaceleración de las economías emergentes, fundamentalmente de China, y los amenazantes riesgos de burbujas e inestabilidad financiera. El inminente cambio de sesgo en la política monetaria de la Reserva Federal de Estados Unidos y el previsible cambio hacia un ciclo de subida de tipos de interés es una fuente de incertidumbre para la estabilidad financiera global. El exceso de liquidez y los tipos de interés reales negativos están llevando a los ahorradores e inversores a tomar excesivos riesgos financieros en una búsqueda desesperada de rentabilidad. La represión financiera de los ahorradores, la excesiva liquidez en los mercados monetarios y la potencial explosión de las nuevas burbujas financieras, es una fuente de preocupación para los bancos centrales. La competición de los bancos centrales en la bajada de los tipos de interés está despertando una nueva guerra de divisas, de devaluaciones competitivas de las monedas, para proteger el débil crecimiento de los países. Una guerra en la que, al final, todos son perdedores. El G-20 en su próxima reunión y el FMI en su próximo informe de primavera, abordarán estos problemas. Y es que en la salida de la crisis el mundo avanza por un camino desconocido, hasta ahora nunca transitado.

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