Desde mi córner

Luis Carlos Peris

España va del rojo al amarillo

Seguro que si el día en que se eligió la ropa, Luis hubiese tenido el cartel de hoy no habría camisetas amarillas

SUENA a catetada, a un aldeanismo rayano en lo friki eso de decirle La Roja al equipo nacional. Un día se le ocurrió a Aragonés llamarla así y ahora que tan alto ha subido el crédito del de Hortaleza, pues La Roja, quien manda, manda, y cartuchos al cañón, amigo. Pero es que La Roja se queda hoy sin fundamento a causa del envoltorio. Con lo bien que íbamos de rojo, la caprichosa norma obliga a que el equipo nacional, afortunadamente lo de plurinacional no ha hecho furor, pase del rojo al amarillo, a ese color que tantas fobias despierta desde la muerte de Molière vestido de amarillo en El enfermo imaginario.

Cuando el 64 con la URSS, España hubo de vestirse de azul y los rojos vistieron de rojo. Ese 21 de junio volvieron los azules a derrotar a los rojos para el más alto premio jamás alcanzado en el once contra once y con un balón como objeto de deseo. A ver si esta noche en el Prater, el amarillo deja de ser tabú y La Roja no echa de menos su idiosincrasia cromática. Sin voltear campana alguna, el convencimiento de que estaremos el domingo en el mismo sitio y a la misma hora que hoy es prácticamente unánime. Y no es un mero presentimiento alimentado por el lógico deseo, sino la sensación de que, a pesar de Arshavin, España, aun de amarillo, es mejor que Rusia.

Dicen que Rusia llega superior en lo físico porque no más tuvieron once jornadas de Liga, pero también llevaban once fechas ligueras el pasado día 10 y España ligó póquer de goles. Se dice que quien hace un cesto está capacitado para trenzar un ciento, esa especie de Línea Maginot que eran los cuartos de final para los nuestros se ha superado y pensar que el amarillo pueda interrumpir nuestra trayectoria es otorgarle un papel demasiado importante a la superstición, a lo mufa y tal. Ahora bien, si cuando se eligieron las vestimentas, Luis hubiese tenido el cartel que hoy luce ante Villar y el país, seguro que la segunda equipación no habría sido amarilla.

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