Hoja de ruta

Ignacio Martínez

Esperanza o Gallardón

ZAPATERO ganó el último debate. Se llevó de calle el bloque sobre política exterior y de seguridad. Ahí Rajoy se metió en un fangal, al pretender que el socialista había apoyado la guerra de Iraq. Con lo fácil que sería admitir que fue un error que Aznar apoyara aquella guerra de Bush. ZP superó a su adversario en economía y temas sociales, estuvo peor en política territorial y quedaron igualados en el último bloque, sobre el futuro. En las formas, la distancia fue notable. Zapatero hablaba pausado; Rajoy acelerado. Pero el presidente interrumpió en exceso al jefe de la oposición y, desgraciadamente, Olga Viza se lo permitió.

La puesta en escena del socialista fue más eficiente. El truco del libro funcionó. Se inventa un libro "con todos los datos" y empieza a citarlo, como fuente de autoridad, ante la perplejidad de su oponente. Buen gol de estrategia. Rajoy tocó fondo cuando reprochó a Zapatero retirar las tropas de Iraq "para quedar bien", y el otro le contestó "o sea, que cumplir la palabra dada, es quedar bien". El jefe de los populares fue consciente de que estaba en un apuro. No sé si sudaba, pero un grueso hilo de saliva se quedaba entre sus labios al hablar. El peor momento de Zapatero fue cuando por tres veces hizo el don Tancredo ante la afirmación de Rajoy de que en Cataluña se multa a los comerciantes que ponen letreros en castellano. Y el presidente del PP repetía: queda claro que al señor Zapatero eso le parece bien.

En el capítulo de la credibilidad, Zapatero tuvo la ayuda involuntaria de Rajoy, quien en el debate anterior sostuvo que su primera pregunta en el Congreso al nuevo jefe del Gobierno fue sobre economía. No era cierto y el lunes quedó claro: la pregunta, el 12 de mayo de 2004, fue ¿cómo valora los primeros días de su Gobierno? Tras la respuesta de Zapatero, en su réplica, de 20 líneas de texto, Rajoy cita una batería de temas importantes y dedica ¡una línea! a mencionar el IVA, la financiación autonómica y el cálculo de las pensiones. Interpretar con esos mimbres que su primera pregunta al neófito presidente había versado sobre economía fue una licencia poética del jefe de la oposición.

Personalmente eché de menos varias cosas en el temario de los cara a cara. Todos hablan de ahorrar ante los tiempos de dificultad que se avecinan y nadie plantea disolver las diputaciones, instituciones que han sido solapadas en medios y competencias por las autonomías. Tampoco se habló, más que Rajoy de pasada, de un pacto local que resuelva la maltrecha financiación municipal. Los ayuntamientos son los parientes pobres de la democracia española. En todo caso, lo mejor de estos debates es que se hayan celebrado. Esperemos que se conviertan en una cita ineludible para los candidatos futuros. ¿Quién debatirá con Zapatero en 2012? Con cabeza y corazón rima con Esperanza o Gallardón.

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