crónica personal

Pilar Cernuda

Esperanza

EL anuncio cogió a todo el mundo con el pie cambiado, incluido Mariano Rajoy, que recibió a la presidenta madrileña en cuanto ella le pidió una cita; a través de un comunicado ha expresado su afecto público a Esperanza Aguirre, reconocimiento a su trabajo, y dice entender las razones que la han llevado a abandonar la presidencia regional y el escaño en la Asamblea madrileña. Esperanza Aguirre se va por la puerta grande aunque el portavoz madrileño de Izquierda Unida haya abundado en el peor aspecto de los peores políticos y la haya despedido con palabras que sólo provocan desprecio. Nadie tiene por qué compartir todas las decisiones que ha tomado Esperanza Aguirre, solo faltaba, pero es evidente que se ha dejado la piel por su partido y por los madrileños, y no todos los que se dedican a la cosa pública pueden decir lo mismo.

Sus razones son personales y tiene derecho a guardarlas, a mantenerlas en la reserva. Ha dedicado casi toda su vida a los demás y cree llegado el momento de pensar más en los suyos y en ella misma, lo merece y lo merece su familia. Se ha ido cuando consideró oportuno y deja el sillón ocupado por una persona de su máxima confianza, Ignacio González, que la ha acompañado desde hace años en su peripecia de gobierno. Es su otra mitad, su media naranja política. Deberá ser ratificado por la Asamblea madrileña, pero si Esperanza pide a los suyos que le den su confianza lo harán sin dudar ni un segundo. Porque lo quiere la que ha sido presidenta durante las últimas legislaturas y también porque González, Nacho para todo el mundo, se ha ganado sobradamente el respeto de la gente del PP de Madrid y también de quienes no son del PP.

Con la marcha de Esperanza Aguirre se pone punto final a una etapa de la historia del PP. Aguirre siempre ha tenido vida propia, personalidad propia, y con toda seguridad seguirá siendo muy suya aunque esté lejos de la política activa. Las ha tenido tiesas con Ruiz-Gallardón pero también con Rajoy porque no calla, le gusta ir de frente. Ese es su principal haber, su tarjeta de visita, su seña de identidad. Con esa forma de actuar, de dirigir, de comportarse, de decidir, se ha ganado a los madrileños contra todo pronóstico, la han votado de forma masiva, apabullante, arrolladora, y sus éxitos en Madrid han sido éxitos importantes para la mayoría absoluta de Rajoy. Sin Esperanza Aguirre en Madrid se le plantea un problema al presidente de Gobierno y presidente nacional del PP. El PP madrileño, con Esperanza, era más, ganaba de calle. Sin ella… quizá no sea tan fácil.

Es una mala noticia para Rajoy, para el PP y para un Madrid que le debe mucho a la ya ex presidenta aunque la oposición la haya descalificado permanentemente, empezando por el debate sobre el estado de la región celebrado la semana pasada. También es mala noticia para una España que no está sobrada de personajes políticos de altura. Esperanza Aguirre es un animal político y lo reconocen incluso los que no están de acuerdo con sus planteamientos; se echará de menos su forma de defender sus ideas con uñas y dientes, con riesgo incluso de perder puntos en una carrera que muchos militantes del PP ansiaban que la llevara hasta La Moncloa. De hecho, en más de una ocasión se la ha acusado de maniobrar para sustituir a Aznar o a Rajoy, pero nunca dio el paso a pesar de que personas de su círculo más íntimo la animaban a que lo diera y protagonizaron maniobras extrañas en momentos complicados para el PP. Por ejemplo tras el fracaso electoral de Rajoy en el 2008.

Abandona la primera fila una mujer que lleva la política en la sangre pero que no deja de tener corazón. Su marido y sus nietos han tenido mucho que ver con su decisión de dar un paso atrás. Deja las cosas aparentemente atadas. Aparentemente. En la vida de los partidos nunca nada está sólidamente atado.

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