Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Espinetes

NO le puedo detallar de quién hablo porque todavía se dedica a los contenidos infantiles, pero sí le puedo relatar un detalle que nos contó con una copa y muchas risas en el FesTVal de Vitoria. La persona en cuestión fue durante varios años un personaje de Barrio Sésamo, con esa magia de quienes saben extraer vida de unos trozos de trapo, sin ordenador, sin efectos especiales y sin zarandajas.

Este maestro de los hilos (y sus hijos siguen disfrutando de su trabajo en la tele) recuerda la visita de los directivos norteamericanos, los de la cadena originaria del programa, la pública CTW, cuando insistían en que los sketches españoles debían tener un ritmo más lento que los que se importaban de Estados Unidos. Los guardianes de Epi y Blas no querían que sus criaturas (joyas del merchandising) fueran eclipsadas por muñecos autóctonos. Exigían que los episodios nacionales fueran menos consistentes y tuvieran menos gracia que los traídos de Nueva York. Los creativos españoles aceptaban a regañadientes, soñando con esquivar las quejas yanquis.

Al cabo de los años, por tanto, descubrí así proque tenían ese puntito cutre las apasionantes aventuras de la gallina Caponata y del intraducible Espinete. El Barrio Sésamo de España parecía siempre un arrabal feo de la calle donde vivía, por ejemplo, la rana Gustavo (o Kermit). Los dueños del invento de este universo preescolar tutelaban para que en el extranjero nadie viniera a solaparles su trabajo y su prestigio.

Y en esas estamos. En estos tiempos de interconexión y globalización, donde hasta el más tonto hace relojes y el más listo es capaz de hacer una serie sorprendente, Estados Unidos ahora importa el talento y ya no puede frenar el crecimiento creativo de Sudamérica, por ejemplo. En un mundo en el que todo se deslocaliza, todo comienza a cambiar muy deprisa.

Etiquetas

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios