Visto y oído

Antonio / Sempere

Esplá

QUEDE claro que no me gustan los toros. Que nunca he sentido la torería y que el lenguaje de la tauromaquia siempre me ha resultado lejano. Desde los tiempos de Mariví Romero y Manolo Molés, en los que escuchaba todo aquello como uno de los runruneos que acompañaron a la adolescencia, hasta los de ahora mismo, los del verbo de Federico Arnás. Pero ello no es óbice para dar al César lo que es del César.

Y sucede que ahora mismo Tendido cero está dedicando cuatro programas especiales a glosar la figura de Luis Francisco Esplá. Los cuatro episodios se dedican al año del adiós, al toro, al torero y al futuro. Con Esplá presente, corpóreo, comunicador y sincero. Resulta que Esplá siempre ha resultado muy buen entrevistado. Dice cosas, alumbra ideas, razona las respuestas, las ilustra con un buen verbo. De tal manera que, hasta a un lego en la materia como yo pueden resultar interesantes las declaraciones.

Por eso me extraña que, en estos tiempos de calma chicha en la temporada taurina en los que lejos de cerrar el chiringuito los de Tendido cero han tenido la feliz idea de aprovechar su tiempo para hincar el diente a personalidades que tienen tanto que contar como Esplá, apenas nadie comente nada sobre su presencia en nuestras pantallas.

Con todos los respetos hacia los aludidos, aquí tiene mucho más predicamento que Wyoming y Buenafuente intercambien los papeles, que Indhira entre o salga de la madre de todas las casas, que Víctor Sandoval y Gema López contraprogramen con ganas los contenidos del Sálvame o que los de Fama impulsen su nueva temporada para finales de enero.

La televisión ha quedado reducida a estos territorios. Y todo lo que sea salirse de ellos parece una excentricidad. Un producto para minorías.

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