Crónica personal

Alejandro V. García

Estabilidad

CONTRA lo que pueda parecer escuchando las opiniones de ciertos comentaristas y leyendo los fragmentos abrasadores que abandonan como huevos de serpiente muchos inquilinos en los blogs y en los foros de internet, la vida en España está sumida en una tediosa normalidad. O por menos los hábitos culturales y los iconos se mantienen con una saludable tenacidad. La pareja de investigadores de la TIA, Mortadelo y Filemón, mantienen vivo el halo de heroicidad inversa que ganaron hace ya medio siglo, sin que el paso de los generaciones ni los cambios de todo tipo registrados hayan mermado su influencia. Mortadelo y Filemón han vuelto a salvar, como ya hicieron otros conspicuos personajes del tebeo, al cine español de una caída de taquilla aún más pronunciada frente a las producciones norteamericanas.

Esta rocosa afirmación de los mitos de la raza no es la única. Cuatro pasodobles siguen encabezando el listado de las canciones más interpretadas y, por tanto, rumiadas y bailadas del país. El primero, aunque parezca mentira, Paquito el chocolatero, compuesto para la fiesta de Moros y Cristianos del segundo año de la Guerra Civil (¡toma memoria histórica!). A continuación Viva el pasodoble, Islas Canarias y Amparito Roca que, para más actualidad, resulta que fue tía carnal del ministro de Sanidad, Bernat Soria.

Y como prueba de esa estabilidad general, José María Aznar, ex presidente del Gobierno, ha declarado ante un copiosísimo enjambre de periodistas que trataban de grabar una declaración histórica que está retirado y nada modificará su jubilación. "Algunos creen que todavía soy un dirigente político, aunque no lo soy", dijo, y a continuación intervino en un seminario sobre el gran Josep Pla al que se atribuyen, por cierto, tareas de espionaje. Sin embargo, esta declaración de perseverancia, en vez de ser interpretada como un síntoma de equilibrio y normalidad, ha sembrado nuevas dudas. ¿Es un ardid de Aznar para eludir una respuesta contundente al proceso de difuminación de los aznaristas en la cúpula del nuevo PP de Rajoy? ¿A qué suena ese silencio? ¿No le duele al ex presidente en su propia carne la defenestración de Zaplana y Acebes? ¿Qué tiene que decir la FAES sobre el supuesto repliegue ideológico del partido?

Las declaraciones se han puesto caras, muy caras en el PP. Cada palabra vale un potosí y sobre ella se abalanzan los analistas en busca de su ADN. Mariano Rajoy se apuntó ayer a esta astringencia verbal. El presidente del PP, después de ser preguntado y repreguntado, sólo reconoció que su partido vive un "momento difícil" y que tendrá que sobreponerse. Como si nada.

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