El poliedro

El Estadosalvavidas

Datos sobre 'la insolvencia que viene' han visto la luz esta semana, y surgen vates del cenizo por doquier

ESTA semana podrá recordarse como aquélla en la que de una manera abierta se declara que los precios de la vivienda en España van a bajar, y no poco: se habla de hasta un 20% en este año, lo cual es sin duda exagerado. Aunque tales afirmaciones hacen tabla rasa estadística y tratan como iguales a casas que tienen que ver entre sí como un melón y una calabaza, la realidad es que la era del ladrillo dorado ha terminado, al menos por unos años. Entiéndase terminado en el sentido de constituir el principal destino de los ahorros de particulares por su inigualable rentabilidad, así como el objeto de una eclosión sin precedentes en creación de empresas, empresillas, chiringuitos, intermediarios, pases, pelotazos y dinero fácil, incluido el que prestan -o prestaban- los bancos. Dos caras de una misma moneda para caracterizar a un mercado que, por exuberante que sea, no deja de comportarse como tal: la cara de una demanda frenética a la que se da respuesta por parte de una oferta -promotores, inmobiliarias, constructores- poliédrica, heterogénea y que, finalmente, vuelve su ser.

Con cadáveres en el camino, eso sí: se calcula que la mitad de las empresas -con todas las comillas que ustedes quieran- que operaban en el sector el año pasado han cerrado, aunque las apuestas excesivas y que pillaron el final del ciclo también han dado al traste con sociedades de gran tamaño. Según informaba antes de ayer Europa Press, las insolvencias de constructoras -término inexacto, porque debiera decirse inmobiliarias y constructoras- andaluzas se han triplicado en el primer trimestre de este año. Es una tendencia generalizada en todo el país, hasta el punto que en el ranking de insolvencias empresariales el número uno es este sector, con un 34% del total de suspensiones de pagos y quiebras. Por su parte, Enrique Bujidos, director de un estudio de la Unidad Concursal de PwC a partir de datos del BOE que vio la luz el jueves, afirma que este año se van a batir todos los récords concursales en España. Abundando en esa línea pesimista, Gonzalo Bernardos, director del Master Inmobiliario de la Universidad de Barcelona afirma sin temor a equivocarse que en la vivienda va a haber un "aterrizaje brusco" y ante la pregunta de si van a bajar los precios dice que "rotundamente, sí". Dónde estarían estos señores el año pasado, a la altura del verano incluso.

En cualquier caso, parece que estamos ante una severa corrección que pondrá a cada uno en su sitio. Las empresas sin comillas, con trayectoria contrastada y estructura palpable son las que están más protegidas ante el arrechucho. Si además han ido descontando el cambio de ciclo y han ido poniendo sus ojos y sus excedentes en sectores relacionados con más futuro -la vivienda protegida y las obras públicas: el Estado- es tan probable como deseable que sobrevivan, con más o menos turbulencias, apretones, insomnio y ajustes. Ahora, de nuevo, se pone de manifiesto que, en periodos de crisis, recesión o depresión, el Estado es el agente económico clave. El propio The Economist se tragaba el sapo de la sacrosanta no intervención la semana pasada, y decía que los controles públicos sobre nuestra banca han puesto a mejor resguardo a nuestros bancos, mientras que en Estados Unidos y el Reino Unido están sumamente acongojados a la espera del próximo batacazo.

O sea, que mayores controles es mejor y más prudente, de repente. De pronto, todos keynesianos e intervencionistas, desde la Reserva Federal de Bernanke al oráculo de la prensa liberal anglosajona. Parafraseando al atribulado españolito que de pronto accede a la libertad política tras años de paternalismo y dictadura franquista, cabe decir que "libre mercado, sí, pero dentro de un orden".

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