Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Eurocuernos

Aestas alturas Pamplona duerme y se ducha para liberarse de la costra de ácidos que han envuelto a sus calles durante más de una semana. Los guiris lejanos, los patosos que gesticulaban a las cámaras, se suben al avión tambaleándose y oliendo a tintorro. Los amaneceres catódicos vuelven a caer en la monotonía de los recopilatorios de los ayeres. Ya sancabao las fiestas de San Fermín y un millón de sofalícolas dejan de madrugar para seguir con legañas, cada mañana, un acontecimiento fugaz y concentrado. Al telespañolito se le ha roto el corazón entre los dos canales, La 1 y Cuatro, que se han repartido a partes iguales la concurrencia y que han dedicado hora y media para un asunto que en realidad se ventila en tres minutos. Que levante la mano aquel que no se levantaba con el secreto morbo de ver un buen revolcón. Los comentaristas dicen que no quieren que los encierros "se tiñan de dramatismo", pero laten insanos deseos.

Cuatro, con sólo dos años ofreciendo la tempranera fiesta, casi iguala las cifras de TVE, un canal que, recordemos, lleva más de dos años sin emitir ni una sola corrida de toros. Paradojas. Todo por el dinero y el sensacionalismo. San Fermín está bien pagado por empresas navarras, cuya publicidad ha dejado de ser menos cutre en los últimos años.

La pública apelaba al rito y ha seguido confiando en la voz sabia de Javier Solano, a la tradición de julio, apoyado por Pilar García Muñiz y Toni Garrido, correctos, y con una ampliada cuadrilla de reporteros para dar réplica a Cuatro, que llegó a la fiesta con ganas de montar su show, aprovechando las corridas, con perdón, del Plus. Los matinales que se han mudado con Nico Abad y Molés han buscado una realización más espectacular y unos prolegómenos más intensos, donde han prevalecido el detalle y la anécdota: la Eurocopa con cuernos.

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