La ciudad y los días

Carlos Colón

Exigir lo imposible

SI no fuera porque unos pocos exigen lo imposible nada sería posible. Si no fuera porque unos pocos exigieron la abolición de la esclavitud cuando hacerlo parecía exigir lo imposible, hoy habría esclavos; y no me refiero sólo al desarrollo del abolicionismo desde la Declaración de Independencia de los Estados Unidos en 1776 o la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en la Francia revolucionaria de 1789, sino a quienes se alzaron contra la esclavitud -violentamente como Espartaco o pacíficamente como los primeros cristianos- cuando hacerlo, en el año 73 antes de Cristo o en el siglo I, parecía imposible, impensable, irrealizable o ilusorio. Lo mismo podría decirse de quienes exigieron en 1829 la jornada laboral de ocho horas, de quienes exigieron en 1847 que los niños trabajaran "sólo" diez horas diarias y en 1919 que la edad mínima para el trabajo fuera de 14 años, de quienes exigieron en 1870 la escolarización obligatoria y gratuita hasta los 13 años o de quienes desde 1869 exigieron el sufragio igual (sin distinción de género) y desde 1871 el universal (sin distinción de raza o género).

Las realidades de la abolición de la esclavitud, la garantía de los derechos humanos y laborales, la prohibición del trabajo infantil, la gratuidad y obligatoriedad de la educación o el sufragio universal, bienes aún desgraciadamente no universales, fueron en algún momento reivindicaciones de lo que se creía imposible exigidas por unos pocos considerados ilusos, si no peligrosos.

Quienes ayer se manifestaron en toda España en el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, y quienes lo hicieron en Sevilla convocados por la Alianza Andaluza Contra la Pobreza que agrupa a 50 ONG; quienes desde Pobreza Cero claman "somos la primera generación capaz de erradicar la pobreza"; quienes desde Cáritas avisan que a los 854 millones de personas ya afectadas por el hambre podrían unirse más de 200 millones; cuantos desde organizaciones no gubernamentales, laicas o religiosas exigen hoy la erradicación de la pobreza son los herederos de quienes exigieron los "imposibles" del abolicionismo, la educación, los derechos laborales o el sufragio universal. Dentro de muchos años, a lo peor de siglos (¿cuántos millones de vidas humanas se habrán perdido mientras tanto?), parecerá natural que no exista pobreza severa en el mundo. Y no sólo en el Tercer Mundo: la Junta reconoce que en Andalucía unas 20.000 familias se encuentran en situación de extrema pobreza, cifra que Cáritas eleva a 300.000 personas que padecen pobreza severa.

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