La tribuna

Luis Felipe Ragel

Éxito de CiU, fracaso de españolistas

LOS catalanes deben de estar muy satisfechos porque han recibido dos gratísimas noticias en sólo dos días: el elocuente resultado de las elecciones y la gran paliza que propinó el Barça al Real Madrid.

La aplastante victoria de CiU, sacando más del doble de votos que el segundo partido más votado, es una consecuencia lógica de lo que ha venido sucediendo en los últimos años. Cuando se estaba tramitando el Estatut en las Cortes, fue CiU quien tomó las riendas del asunto y negoció directamente con el PSOE una salida parlamentaria digna para resolver aquel grave problema. En aquella ocasión se puso de manifiesto la madurez política de Artur Mas, que había dejado de ser el sucesor de Jordi Pujol para convertirse en el líder natural de los catalanes.

La sentencia del Tribunal Constitucional rebajó el nivel de autonomía que habían acordado los dos partidos políticos y dejó a Mas perfectamente colocado para adjudicarse la victoria del pasado 28 de noviembre. Maragall impulsó un texto del Estatut que no lo hubiera firmado el más furibundo independentista; le pasó la pelota a Rodríguez Zapatero, que adornó la jugada diciendo que se aprobaría en Madrid lo que saliera de Cataluña; pero cuando el conductor del juego encaró la portería contraria, se puso nervioso y tiró la pelota tan mansamente que el portero del TC, aunque no la paró, la desvió deliberadamente a córner.

El futuro presidente de la Generalitat ha dicho con toda claridad que si le preguntaran si querría que Cataluña fuera independiente, él contestaría que sí. No hay ninguna ambigüedad en su respuesta, lo que es de agradecer.

Hace tiempo que pienso, con confesado pesimismo, que hay cosas que caminan inexorablemente hacia un punto, sin que nadie pueda desviar esa tendencia. Una de ellas es la independencia del País Vasco y Cataluña. Centrándonos en esta última, es la primera vez que los votos adjudicados a los partidos independentistas superan a los otorgados a los partidos españolistas, lo que significa que los catalanes ya están preparados para dar el paso hacia la plena soberanía. Ya queda menos para que se cumpla aquello que escribió Adolfo Marsillach: "El extranjero más cercano que conozco es Cataluña".

Parte de culpa de ese ascenso lo tienen los dos grandes partidos españolistas, que han fracasado rotundamente. A pesar de que Rodríguez Zapatero ha gestionado muy mal la grave crisis que atraviesa la economía española, el PSC ha sacado un 50 % más de votos que el PP, lo que viene a poner de manifiesto que el partido de Rajoy tampoco despierta entusiasmo entre los votantes, que actúan de manera parecida a como los hacen los buenos aficionados al fútbol: son de un equipo y siguen prestándole su apoyo bajo cualquier avatar, gane el título, descienda de categoría o pierda cada domingo por goleada. Por otra parte, los catalanes no van a olvidar en mucho tiempo que fue el PP el que interpuso el recurso de inconstitucionalidad que frenó en parte el desarrollo autonómico de la comunidad.

Y también puede haber sucedido que los funcionarios hayan castigado a los dos partidos españolistas. En el desgraciado asunto de la confiscación de una parte significativa del sueldo de los empleados públicos, el partido del Gobierno ha encontrado un remedio para paliar una parte de sus problemas. Si la cosa va mal, si Obama y Merkel nos apremian, la solución es bien sencilla: se extrae más dinero de la enflaquecida ubre de los funcionarios… y santas pascuas. Y si después los tribunales declarasen que el Estado se excedió al expropiar unos derechos adquiridos sin satisfacer la correspondiente indemnización, pues se devolverá el dinero… cuando se pueda. Habrá sido un préstamo muchísimo más barato que lo que se viene satisfaciendo en los mercados para financiar la deuda española. Sólo habrá tenido que padecer el descenso del consumo durante el último trimestre, lo que ya vaticinábamos: si se ingresa menos dinero, menos compras se realizan y menos impuestos se recaudan.

¿Y qué ha hecho el Partido Popular entre la gravísima confiscación de los sueldos de los empleados públicos? Nada, ha guardado el más ominoso silencio. He estado muy atento a las declaraciones de los líderes de este partido para estudiar sus reacciones. Han reprochado airadamente que se hayan congelado las pensiones de jubilación, pero no han abierto la boca para afear al Gobierno el recorte de los emolumentos de los funcionarios, por lo que es fácil inferir que ellos hubieran hecho lo mismo de haber estado gobernando.

A unos y a otros les pasaremos factura muchos votantes, como ya se la han pasado en Cataluña.

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