La ciudad y los días

Carlos Colón

Explotación y 'botellón' (I)

LO peor de la izquierda de botellón es su traición a una causa histórica. Que el ministro de Sanidad proponga un control riguroso para que las bebidas alcohólicas que consumen los jóvenes no estén adulteradas es una obviedad por tratarse de una obligación para cualquier administración responsable y de un derecho de los ciudadanos, que confían en que la comida y la bebida estén sometidas por las autoridades a controles severos. Cosa distinta es la cuestión del consumo de alcohol entre adolescentes y jóvenes. Aquí se unen dos problemas aún más graves al de la adulteración de lo que beban: que lo hagan (adolescentes) y la cantidad en que lo hagan (jóvenes).

La lucha contra el alcohol que hacía estragos entre la clase obrera fue uno de los objetivos históricos del PSOE desde su nacimiento. No le preocupaba a Pablo Iglesias la calidad de lo que los obreros bebieran, sino que lo hicieran en cantidades autodestructivas. Es cierto que el PSOE nació de mostrador en mostrador en tabernas y casas de comidas madrileñas como El Brillante, Lisboa o Casa Labra; pero ni Pablo Iglesias, ni los médicos, tipógrafos, plateros, el doctor en ciencias, el marmolista y el zapatero que fundaron el PSOE en Casa Labra el 2 de mayo de 1879 se reunían para coger cogorzas. Más bien lo contrario: desde el principio el socialismo fue enemigo acérrimo de las tabernas en que los obreros ahogaban sus miserias y gastaban sus jornales, condenando a sus familias a miserias aún más graves de las que ya padecían. "Existen todavía otras causas que debilitan la salud de gran número de trabajadores. Ante todo, la bebida; todas las seducciones, todas las posibles tentaciones, se juntan para empujar al obrero a la pasión de la bebida", escribió Engels en 1845. "¿Quiénes van a los garitos y tabernas? -se preguntaba el semanario "La lucha de clases" en 1905-. En su mayoría son trabajadores los que actúan en estos inmundos sitiosý Trabajador: no sigas por ese camino, donde malgastas tu dinero haciendo perecer de hambre a tu familia". Todavía hay quien recuerda a las mujeres en las puertas de las tabernas, tratando de impedir que sus maridos se bebieran el jornal o esperándolos para llevarlos borrachos a sus casas.

Esta lucha, que lo era contra una dependencia que destruía a las personas y facilitaba su explotación, debería librarse hoy también desde la izquierda, en nombre de esos mismos ideales, en favor de otros explotados que ignoran que lo son: los jóvenes. De ellos podría decirse lo que Engels de los trabajadores: todas las seducciones se juntan para empujarlos a la pasión de la bebida.

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