Visto y oído

Francisco Andrés / Gallardo

Falla

DESDE hace veinte años bastantes agrupaciones del Carnaval de Cádiz, y muchos aficionados, sostienen que Canal Sur, La Nuestra, o en concreto "la de Sevilla", controla, manipula, pone y quita finalistas en el concurso. De eso se ríe este año la chirigota de César Cadaval, que ha caído en gracia en el Falla. Un mérito. Lo de condenar a Canal Sur es una excusa recurrente. Las suspicacias nunca se apagaron, ni cuando las decisiones del jurado fueron aceptadas por mayoría. Caos y cajonazos se han debido normalmente a caprichos o errores de la organización municipal o de los jurados y sus satélites. Canal Sur se ha dedicado desde el Carnaval de 1990 a aprovechar un acontecimiento que ha ido creciendo en proporción al tiempo dedicado en la parrilla y que ya descubrió TVE, Telesur, en aquellas noches semiclandestinas que nacieron en febrero del 81, algunas algo lamentables. Claro que la autonómica le ha sacado su buena rentabilidad a las coplas. Tanta como la que a su vez han conseguido las agrupaciones, en especial las llamadas punteras, y la propia ciudad con una indirecta campaña de imagen que cada año copa horas y horas estelares entre el público andaluz. Esa estela es la que también aprovecha incluso la cadena municipal de la alcaldesa Teófila Martínez.

La televisión no toquetea las interioridades de ese concurso, pero en estos años de fragmentación un acontecimiento único como el Carnaval de Cádiz debería tener más en cuenta lo que llega a los hogares. Lo del Falla, sin perder esencias, debería pensarse en la audiencia televisiva, para hacerlo atractivo acorde con estos tiempos de TDT y shares. Tiempos muertos, saturación, agrupaciones cansinas, malas decisiones del jurado, influyen en un contenido que de ser de Champions se está convirtiendo en la Copa del Rey de Noruega.

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