Crónica personal

Pilar Cernuda

Falsa unidad

Ala tragedia del atentado de Francia hay que sumar la tensión que se vive entre los dos partidos políticos mayoritarios, que no han aguantado ni doce horas el espíritu que marcó el comunicado que aprobaron los grupos parlamentarios. Un solo texto para aunar las diferentes posiciones, y la convocatoria de una manifestación de repulsa.

El primero en descolgarse fue José Alcaraz, que puso unas exigencias previas sobre la mesa que no tenían nada que ver con lo que se espera de quien debe pensar en lo que es mejor para las víctimas, sino que una vez más entró de lleno en el plano político, como ha hecho desde el mismo día que fue elegido presidente de la AVT. El Foro de Ermua expresó sus dudas sobre la oportunidad de la manifestación, pero dio a sus seguidores libertad para hacer lo que consideraran más conveniente. Y la reacción más sorprendente, más inexplicable, fue la del presidente de Gobierno, que no quiso sumarse a la manifestación. Desde su entorno se dieron varias justificaciones contradictorias, alguna de ellas falsa de toda falsedad, como la que indicaba que el Gobierno no acudía a ese tipo de manifestaciones. No era cierto, varios ministros se sumaron a la que se celebró tras el atentado del la T-4 de Barajas, y no lo hicieron a título particular, sino como miembros del Gobierno. No se puede comprender la ausencia de Zapatero en una concentración con la que miles de españoles han querido expresar su repulsa al atentado.

En las últimas horas el ambiente de crispación que sufrimos durante toda la legislatura ha llegado a un punto que roza lo insoportable. Los abucheos al presidente de Gobierno en el funeral de Raúl Centeno dicen muy poco de quienes deben respeto al jefe de Gobierno incluso en la discrepancia, pero sobre todo deben respeto al guardia civil asesinado, a sus familiares y compañeros en la ceremonia de duelo. Y ha sido también insoportable que un grupo de ultras haya insultado a los concejales socialistas que se sumaron al acto de homenaje a Centeno ante la sede del Ayuntamiento de Madrid. Ese tipo de agresiones verbales definen -para mal- no sólo a quienes las protagonizan sino también a quienes las alientan.

Lo más relevante de la manifestación madrileña era que estaba apoyada por los partidos parlamentarios y por los sindicatos. Lo más importante era que, por primera vez en esta legislatura, había sido posible el acuerdo. Lo más significativo era que después de cuatro años de pésimo ejemplo para la sociedad, los partidos podían presentar, al fin, una fotografía de unidad. Todo eso se vino abajo cuando el presidente de Gobierno decidió no acudir a la manifestación.

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