Crónica personal

Pilar Cernuda

Falta muy grave

FALTA muy grave de desatención, dejación de funciones y ausencia de control. Con esos argumentos el Consejo General del Poder Judicial, por unanimidad, ha abierto un expediente al juez Rafael Tirado, al mismo tiempo que ha ordenado que se investigue la conducta de los funcionarios que trabajan en su juzgado. La decisión del Consejo no puede significar, de ningún modo, el carpetazo al análisis profundo de la situación de la justicia en España. Es posible que el juez Tirado merezca la grave sanción, como bien decía el padre de Mari Luz su hija no estaría muerta si Santiago del Valle hubiera cumplido la condena de cárcel; pero no es Tirado el único responsable del caos judicial que vivimos actualmente, aunque sí es una buena cabeza de turco que mostrar a los ciudadanos para calmar su indignación.

El juez Tirado no se ocupó de comprobar que se cumplían las condenas, que se cursaban las órdenes de ingreso en prisión, que se buscaba a quien había sido condenado por cometer abusos sexuales. Pero lo que hay que preguntarse también es si, además de su "dejación de funciones", contaba y cuenta, y cuentan los jueces y fiscales españoles, con el número de funcionarios necesarios para que lleven a cabo las investigaciones, sigan sus instrucciones y busquen a condenados y a los testigos. Y si los funcionarios disponen del material indispensable para realizar su trabajo.

Este fin de semana se ha puesto punto final a una huelga de funcionarios que se ha prolongado durante dos meses sin que al ministro Bermejo se le haya movido una pestaña hasta que la vicepresidenta del Gobierno le exigió que buscara el acuerdo, lo que se apresuró a hacer Bermejo, pues no está la cosa para bromas cuando Zapatero está a punto de anunciar su nuevo gabinete. Los funcionarios no sólo exigían una equiparación de su salario con los que realizan su mismo trabajo en las diferentes comunidades autonómicas, sino también más medios para desarrollar su labor con eficacia.

Visitar un juzgado es riesgo seguro de que al visitante se le caiga el alma a los pies. Legajos que inundan las mesas sin que los funcionarios tengan manera de darles salida, docenas de personas ante la puerta suplicando alguna noticia sobre "lo suyo", personas desesperadas por la lentitud de la justicia; además de jueces, fiscales, secretarios, procuradores y abogados desquiciados por la imposibilidad de avanzar en el trabajo, de cumplir a tiempo con sus obligaciones. El juez Tirado no se ocupó de averiguar si Del Valle había entrado en prisión, pero ¿es el juez el que debe comprobar si se cumplen todas sus instrucciones, órdenes y diligencias? No hay sin noticia de que se ha cometido un delito por parte de alguien que debería estar en prisión, o que había salido de prisión sin cumplir los requisitos que marca la ley.

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