El balcón

Ignacio / Martínez

Faltan ideas

ANDÁBAMOS todos, políticos, periodistas y tertulianos de la más diversa condición, discutiendo sobre si el adelanto de las elecciones andaluzas era bueno para la región, una argucia audaz de la presidenta o una temeridad fruto de su ambición, y alguien ha hecho una advertencia inteligente. Sorprende que sea de Perogrullo: estaba a la vista de todos, como en el cuento del rey desnudo.

El miércoles en Huelva el secretario regional de Comisiones Obreras, Francisco Carbonero, hizo un reproche a todos los partidos. Afirmaba que nadie dice cómo se va a generar riqueza y empleo. Es una verdad como un templo. Los partidos, incluidos los nuevos, tienen eslóganes fáciles; pero ideas, pocas. El líder sindical añadía que sólo lanzan titulares, y encima no los cumplen.

También ha pedido a los políticos que muestren capacidad de gestión económica, porque la situación no se resuelve con mítines: "no hablan sobre en qué se va a trabajar en el futuro, ni de qué se va a vivir". Un debate imprescindible, para el que deben azuzar el ingenio los candidatos. Es tan convincente Susana Díaz cuando dice que se va a dejar la piel para reducir el paro, que se nos olvida que no dice cómo. Teresa Rodríguez, la candidata de Podemos, puede hacer vídeos ocurrentes en su cocina para criticar cómo se aliñan las encuestas del CIS, pero su única idea para resolver el paro andaluz es que hace falta un nuevo modelo productivo.

Juanma Moreno, el jefe regional del PP, dice que hay que apostar por la industria, porque Andalucía no se va a desarrollar sólo con Turismo y Agricultura. Es una buena idea, pero ya la enunció sin consecuencias el primer consejero de Economía de la Junta, Julio Rodríguez, hace más de 30 años. Falta el cómo. Y el coordinador regional de IU, Antonio Maíllo, acierta cuando critica que se hayan privatizado demasiados servicios públicos municipales, pero la vuelta atrás debería mejorar la eficacia y abaratar su prestación, no aumentar empleo.

Además de ideas, Carbonero reclama más rigor en la persecución del fraude fiscal: cree que las administraciones mantienen la economía sumergida como colchón para evitar un grave conflicto social y no quieren meterle mano. Y añade que los planes de empleo públicos no sirven para crear riqueza y empleo estable, sino para resolver problemas coyunturales. Cualquier día nuestros políticos van a descubrir que ayudar a la empresas que ya van bien es mucho más rentable que mantener artificialmente con vida a las que no son viables sin subvenciones. Falta la idea de cómo hacerlo. Y alguien con el coraje de llevarlo a cabo.

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