La tribuna económica

Rogelio / Velasco

Farenheit 451

AMAZON, que empezó su andadura en internet como una librería virtual, ha ido diversificando sus actividades hasta convertirse en un proveedor de servicios de pago en la red. Ha ido incluso más allá. El año pasado lanzó al mercado un dispositivo inalámbrico con pantalla lectora del tamaño de un libro de formato mediano, que permite descargar libros, ya sea a través de una red inalámbrica o fija.

Con un catálogo inicial reducido, los acuerdos firmados con algunas grandes editoriales le han permitido aumentarlo hasta alrededor de 245.000 títulos.

No fue la primera. Sony, ya había lanzado un dispositivo similar hace unos dos años. La estrechez del catálogo, especialmente de best-sellers, provocó una tímida acogida por el público. Pero han reaccionado. Hace sólo un mes que firmó un acuerdo con Google por el que añadió 500.000 títulos a los 100.000 que ya poseía, componiendo una biblioteca muy competitiva tanto en cantidad como en calidad.

Las nuevas empresas tecnológicas no son las únicas que están lanzando librerías virtuales. Barnes&Noble, la mayor cadena de librerías de EE.UU., acaba de introducir una aplicación gratuita que permite leer libros en los terminales Blackberry, anticipando la enorme librería virtual que abrirá a finales de este año.

Se van añadiendo innovaciones sobre las innovaciones. Tanto Amazon como Google, han adaptado sus librerías al formato del iPhone y del iPod. Y a la última versión del dispositivo de Amazon, le han añadido otra característica que creemos tendrá éxito entre aquellos que llevamos toda la vida aprendiendo inglés: al texto se le añade el audiolibro, que nos permite escuchar el texto, de momento sólo en inglés.

Tantas innovaciones tecnológicas, cómo no, provocan también las primeras batallas legales por derechos de autor, que no se sabe bien si existen. Para el gremio de autores, al otro lado del Atlántico, el derecho para poder escuchar los textos no existe, por lo que reclaman compensaciones económicas a Amazon, a lo que se opone la asociación de ciegos porque lo considera un perjuicio para su colectivo.

Los días pasados, en la Feria del Libro de Sevilla, parece que algunos de los dispositivos mencionados, fueron mostrados al público existente y tuvieron un gran éxito, desconozco si de ventas o de curiosidad. En Madrid, sin embargo, en donde se celebra estos días la Feria, se ha montado un pequeño lío con la prohibición de los libros en formato digital. De prohibición han calificado grupos defensores de los contenidos digitales, pero el director de la Feria ha apuntado que sólo afecta a aquéllos títulos que se distribuyan exclusivamente en formato electrónico y por la red.

Nuevas tecnologías aplicadas al libro, que generan nuevos problemas de derechos y temores renovados de que, como está ocurriendo con la música o la prensa, al final los usuarios no paguen por el uso del contenido. Quizás, el temor que abrigaban la novela de Bradbury y la película de Truffaut se convierta en realidad. Los avances tecnológicos, que son ciegos y siempre depararán consecuencias imprevisibles, posiblemente le ahorrarán la tarea a los piquetes de bomberos.

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