Desde el fénix

José Ramón Del Río

¡Felicidades, Constitución!

COMO pasado mañana cumple nuestra Constitución Española treinta años, quiero sumarme con estas líneas, a las muchas felicitaciones que, sin duda, va a recibir. Y estas felicitaciones son bien merecidas, porque de las siete constituciones que hemos tenido los españoles es la que más tiempo ha estado en vigor. La primera fue la de Cádiz de 1812, que sólo duró seis años, y no todos seguidos. Ahora que se preparan los actos conmemorativos de su próximo bicentenario, hay quienes se empeñan en que se silencie el nombre de Cádiz, y se le llame La Pepa, que fue como el vulgo la bautizó por haberse aprobado el 19 de marzo, día de San José. No sé muy bien si porque ahora todos somos "vulgo" o para ningunear a la alcaldesa. Después de la de Cádiz vinieron las de 1837, 1845, 1869, 1876 y 1931, hasta la de 1978. Entre las dos últimas no tuvimos constitución.

Según una encuesta realizada por el Consejero General de la Abogacía, el pueblo español está satisfecho con su Constitución y esto se deduce del grado en que se estima que los derechos fundamentales de la CE están siendo respetados y puestos en práctica en nuestra sociedad. Los que mejor se cumplen son, por este orden, el derecho a reunirse de forma pacífica, el derecho a elegir libremente dónde residir y el derecho a poder sindicarse. Saltándome los de en medio, los que menos se cumplen son: el derecho a una vivienda digna y el derecho a una pensión, adecuada y permanentemente actualizada. Se ha preguntado también en la encuesta por una posible reforma o modificación de la Constitución. Los partidarios del "sí" ganan por poco a los del "no", aunque lo que se quiere en realidad, más que la reforma, es la ampliación de derechos y, sobre todo, que se dicten medidas complementarias para garantizar los derechos ya reconocidos en la Constitución.

Sin necesidad de consultar encuestas, todo el mundo sabe que, de la actual, los dos puntos en los que se pretende modificarla son el de la "forma política del Estado español", que es la Monarquía parlamentaria, y la declaración de la "indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles". También, y por exigencia de los nuevos tiempos, eliminar la preferencia del varón sobre la mujer en la sucesión al trono. Pero reformar la Constitución no es sencillo. Para modificarla en los puntos que acabo de citar se necesita el voto de las dos terceras partes del Congreso y Senado, disolver las Cortes Generales, aprobar el nuevo texto por esas mismas mayorías y en un referéndum. A mí me parece que, como lo mejor es enemigo de lo bueno, nos debemos quedar tal como estamos y seguir con la misma Constitución, ya no tan joven, pero sí mocita.

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