Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Follones

JORDI Évole lo consigue, no deja indiferente en cada uno de sus reportajes. Sigue siendo El Follonero, pero con más calado, aunque La monarquía tenía un precio llegaba con la etiqueta adherida, con las cartas marcadas, con ganas de dañar a la Zarzuela. Peces-Barba tuvo que apretarse la paciencia para no encenderse. Jordi es realmente temible con una cámara y una pregunta como quien no quiere la cosa. Y yo se lo digo: el precio de la monarquía siempre será muy inferior al de su valor.

Fue la noche del futbolista Joaquín, como un sabio y brillante concursante en Pasapalabra, riéndose de sí mismo, como una anti-parodia del Sergio Ramos de Crackovia. Aída sufre una retroalimentación de Telecinco: parece a veces como un soporte para promocionar programas de la casa, como ya sucedió con Gran Hermano. A la serie de Esperanza Sur no le hace falta, pero parece que a la cadena, sí. El capítulo de Luisma y Chema en el concurso de Christian Gálvez era facilón, dejando suelto al personaje de Paco León. Como contrapunto, el lado tierno de Mauricio Colmenero, para compensarle de tantas frases pasadas de rosca que le están imponiendo en esta temporada. Desde que los catalanes se quejaron, el tabernero que da vida el onubense Mariano Peña no falla con alguna gruesa alusión al Noreste. No le hace falta tampoco, pero Colmenero, a su manera, es el auténtico Follonero de Telecinco.

Aída sigue en forma, pese a todos sus defectos de siempre. Le perdonamos sus tramas y personajes cargantes (a veces hay que tomar almax con Miren Irbarburen o con Eduardo Casanova) porque a fuerza de exagerar son capaces de servir la carcajada.

Ahora mismo hay pocos programas para reírse de verdad. O hemos perdido el sentido el humor o las cadenas no saben dónde encontrarlo.

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