Isabel Sánchez Burgos

Fondos de rentabilidad objetivo: dudas y riesgos

No aseguran el capital inicial, pero mantienen el dinero cautivo. La rentabilidad que ofrecen es baja y no está garantizada

DENTRO de ese cajón de sastre denominado Instituciones de Inversión Colectiva (IIC) de gestión pasiva se encuadra uno de los productos estrella de los últimos dos años: los fondos de rentabilidad objetivo. Fue el producto revelación de 2012 y, desde entonces, no ha encontrado rival, en un entorno algo complicado para la oferta financiera más conservadora. A saber: tipos de interés históricamente muy bajos y recomendación por parte del Banco de España de limitar la remuneración de los depósitos bancarios. Poco que rascar por encima del 1,5%...

Los fondos de rentabilidad objetivo son IIC que ofrecen al inversor la posibilidad de participar de una determinada rentabilidad (no garantizada), siempre y cuando se mantenga la inversión el plazo que viene fijado en el folleto de comercialización. Y subrayamos lo de no garantizada porque muchos de estos productos se han estado vendiendo en sustitución de los fondos garantizados, los cuales han ido perdiendo el favor de la industria. La caída progresiva de los tipos de interés y la rebaja de las calificaciones crediticias de las entidades que cubren las garantías de estos fondos los han hecho menos interesantes para las entidades.

Algunos pensaban que sería un punto de inflexión para fomentar una gestión más activa. Pero la realidad es que han sido los fondos de rentabilidad objetivo -de gestión pasiva- los que se han acabado comiendo el trozo del pastel. Y para muestra un botón: en el año 2013, mientras los garantizados perdían más de 5.500 millones (saldo neto entre suscripciones y reembolsos), las IIC de gestión pasiva -que es donde se incluyen estos productos de rentabilidad objetivo- se anotaban más de 8.900 millones. Y este ejercicio ha comenzado de igual forma. Unos 3.000 millones menos en garantizados y más de 3.200 millones de entradas netas en los fondos de gestión pasiva.

La preocupación por la popularización de estos productos ha llegado hasta la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), quien recientemente ha anunciado su intención de clasificar los fondos de inversión estructurados (y los de rentabilidad objetivo lo son), como productos complejos. ¿Qué significa esto? Que los clientes que los compren deberán firmar un test de conveniencia. Más trabajo para ellos, pero también para las entidades y, por tanto, posiblemente una menor proactividad en su comercialización. Habrá que ver cómo avanza la regulación. Lo que sí parece tener claro el supervisor es que sustituir un garantizado por un fondo de rentabilidad objetivo es un riesgo para el partícipe.

A ello se añade el hecho de que, desde el punto de vista de rentabilidad, ni siquiera es un producto interesante. Los últimos en registrarse en la CNMV ofrecen una TAE (Tasa Anual Equivalente), no garantizada, de entono al 1,5%. Aun así, la realidad es la que es: el 82% de la distribución de fondos sigue estando en manos de los bancos. Y los fondos que se registran en la CNMV siguen siendo mayoritariamente de objetivo de rentabilidad (muy pocos registros alternativos este año, como el de GVC Gaesco 300 Places Worldword, fondo de bolsa enfocado en la tendencia del turismo global). ¿Que hay vida más allá de la rentabilidad objetivo? Por supuesto. En la actualidad, existe una oferta muy amplia de fondos, para todos los públicos y todos los perfiles de riesgo -incluso los más conservadores-, con mejor binomio riesgo/rentabilidad y menores restricciones: fondepósitos, mixtos flexible, retornos absolutos, deuda pública española... Sólo hay que asesorarse adecuadamente.

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