por montera

Mariló Montero

Forajidos y leyendas

NO es un forajido de leyenda. Su rostro, demacrado por la huelga de hambre que le mantiene bajo vigilancia médica en un hospital de Huelva desde hace más de un mes, no recuerda a la de aquellos astros del cine (Warren Beatty, Robert Redford, Paul Newman…) que encarnaron a arriesgados fugitivos como Clyde Barrow (Bonnie and Clyde) o Butch Cassidy y Sundance Kid (Dos hombres y un destino). Se llama Miguel Montes Neiro, nació en el año 50 y tiene las cuencas de los ojos hundidas por el hambre y la hepatitis C, pero sobre todo por la oscuridad de un túnel sin salida. Miguel es el reo español con más años en prisión. El Gobierno le ha denegado, otra vez, el indulto parcial que tenía solicitado. En mayo, la hermana de Miguel se entrevistó en el Congreso con los diferentes portavoces. Una delegación del PP lo visitó en la cárcel y, tras 35 años enlazando condenas, ninguna por delitos de sangre, reclamó su salida. Las autoridades dicen que no reúne los requisitos. Entró preso por primera vez en el 66 y, como él mismo confiesa en una carta lúcida y estremecedora, "a partir de entonces se acabó la libertad para mí". "Que cometí delitos es cierto -escribe Miguel-, pero estoy convencido de haberlos pagado". Su primera trena fue en la mili. Desde entonces, Miguel sólo ha logrado robarle 1.400 días, entre fugas y permisos, a su abstrusa vida carcelaria. Miguel nos encañona a todos con sus frases: "Yo soy quienes ustedes crearon… ¿De qué se lamentan ahora? Métanse 30 años con locos y menos locos en una prisión y después díganme si cualquier cosa que hagan la consideran un delito o un pecado. Yo no los deseo juzgar, ni debo. Pero es humillante esta ley que a los asesinos de niños los abraza y protege, y a los que queremos a nuestros hijos nos tira y destruye. Así no hay quien viva o quiera vivir". La terrible historia de Miguel, ceramista artístico de profesión, recuerda más las ignominiosas circunstancias de El Lute que las de Dick y Perry, los asesinos a sangre fría de Truman Capote. Su drama encierra toda la tragedia de Shakespeare y la incomprensión social inmensa del Pascual Duarte de Cela: "La sociedad me ve como me describen los que dicen representar la ley, pero yo no soy así, ni parecido", nos asesta. "Por ello les pido un SOS, por agotarse el tiempo de mi vida y aun no haber empezado a vivirla. Es cruel, muy cruel, el castigo recibido. Ahora, dejadme hacer de una vez cosas bonitas, que cree para los míos un mundo menos malo, pero con algún color, no sólo la oscuridad y la locura. Dejen al menos que se lo dé a mis hijas. Eso es lo que me lanza con todo mi yo hacia ustedes, para comprometerme a ser útil, gentil, amable y amante de los míos, luchador y creador de cosas bellas. ¿Qué pierden por intentarlo? Nada, no pierde nadie. ¿Qué les pasaría? Nada". Ciega, sí; pero la Justicia no puede ser autista.

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