Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Fotones...

Qwertyuiop", o algo así, escribió Ray Tomlinson en el primer email de la historia, hace poco más de 40 años. Una incorporación, un invento, que él creyó sin importancia, para intercambiar mensajes en la red Arpanet. El programador no podía concebir que de aquel big bang descabalado surgiría una riada de comunicación individual por la que toda esa aldea planetaria concebida por McLuhan intercambiaría datos a través del correo electrónico y de los soportes hijastros, desde el chat a las redes sociales.

Tampoco se imaginaba John Logie Baird cuando unió un emisor y un receptor (más bien, una bombilla), para plasmar imágenes fijas, que de ese invento nacería lo mejor y lo peor de la inventiva audiovisual. Y que todo el planeta asistiría a los grandes acontecimientos y a sus vivencias más mundanas a través de un cristal más o menos plano. El rastro de la prehistoria televisiva indaga en que fueron los nazis, cuando sólo eran un partido menor en el espectro político alemán, los que vieron las mayores posibilidades de los fotones para divulgar su propaganda y llegaron a crear su propia emisora, efímera, antes de dar el gran salto sobre las costillas de la asfixiante crisis de los años 30. De aquellos mitines de la 'radio televisada' a los mohínes de Mila Ximénez, media casi un siglo en el que las pantallas tomaron el globo para tiranizar las existencias.

Las grandes aportaciones a la Humanidad han solido nacer de la nada, de la sospecha, de la casualidad, sin saber bien de dónde venían y sin nunca intuir en varias generaciones hasta dónde eran capaces de llegar. Hoy, por lo indescifrable, por lo complicado, nos tomamos con algo de guasa eso del bosón de Higgs, que ha copado la atención de todas las cadenas, entre la admiración y el frikismo. Nuestros bisnietos responderán sobre qué bueno o malo nos trajo ese cemento divino.

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