Crónicas levantiscas

Juan Manuel Marqués Perales

Fouché

ARobespierre, el Incorruptible, lo guillotinaron por aterrorizar para salvar la virtud, si bien es cierto que un personaje tan oscuro como Fouché, monárquico y revolucionario, jefe de policías y espías, fue quien le dio el rejón de muerte en un discurso de acusación que pronunció ante la asamblea. Fouché sobrevivió a la monarquía, a la revolución y al imperio, fue el primer jefe del Ministerio de la Policía de Francia y se convirtió en el más rico del país. No pondría la mano en el fuego por Pepe Torres, alcalde de Granada; es más, debería dimitir, pero un Estado de Derecho no puede permitir actuaciones como la UDEF en su detención. Hasta la Fiscalía se opuso a una medida tan extrema como entrar en el domicilio de un vecino cuando se poseen tan pocas pruebas. No es nuevo, la UDEF, como la UCO, dan donde pueden: en los telediarios. Hay ex delegados de la Junta que han sido detenidos a las ocho de la mañana, en plena calle o en sus casas, dos veces por sendos cuerpos: una medallita para la UDEF, otra para la UCO. Dos veces dos. A otra ex delegada la pillaron cuando llevaba a sus hijos al colegio y a la directora de Minas la condenaron por el caso de Aznalcóllar: no había nada. Vale la dureza contra la corrupción, pero no extralimitación, porque son los tribunales quienes hacen justicia, no la Policía. Huye de quien proclame sus manos limpias. Como Robespierre, como Fouché.

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