La ciudad y los días

carlos / colón

Franco y Fidel: amor gallego

EN su defensa de la ampliación de la edad de voto a los 16 años el señor Rufián, de ERC, acusó al PP de "creer y hacer creer que hay quien ni sabe ni puede ni debe participar en política" en "la tradición de la derecha más reaccionaria", representada por "el fascista que murió en la cama" y dijo aquello de "haz como yo, no te metas en política". Además del despropósito de identificar la derecha democrática con la totalitaria, el señor Rufián cometió el grave error histórico de llamar a Franco fascista. ¡Qué más hubieran querido los Tovar, Ridruejo, Laín Entralgo y cuantos falangistas de primera hornada y camisa vieja se sintieron traicionados -la revolución pendiente- por el manipulador pragmatismo del dictador!

Por ser Franco dictador, pero no fascista, "la Falange -como afirma Payne- nunca tuvo una verdadera oportunidad de conquistar el poder" porque "fue absorbida poco a poco por el hábil maniobrero de Franco y, de no haber sido porque le interesaba mantener su complicado tinglado, hecho de trampas y engaños, puede afirmarse que la Falange no hubiese conservado durante tanto tiempo su aparente autonomía". Preston, a su vez, cuenta como Franco -"camaleón" que cultivaba "la habilidad de permanecer aparte"- engañaba a los falangistas, diciéndoles que "los reaccionarios oficiales del ejército bloqueaban sus objetivos de revolución social", mientras a los generales les advertía que "debían tener cuidado con los impulsos falangistas".

Quiso la casualidad que el mismo día de la intervención del señor Rufián otro anciano dictador que morirá en su cama, Castro, reivindicara en el VII Congreso del Partido Comunista Cubano a Lenin, deplorando que su figura sea "ultrajada", y al "calumniado" comunismo soviético, "en el que siempre confié" y "ejemplo de una grandiosa revolución social". Pues resulta que este leninista admiraba a Franco. Cuando el embajador franquista Lojendio se enfrentó a Castro en 1960, Franco dijo su famoso "con Cuba, cualquier cosa menos romper". Cuando murió el dictador español, el dictador cubano ordenó luto oficial. Y cuando Castro visitó España en 1985 declaró a El País: "Franco no se portó mal, hay que reconocerlo. Pese a las presiones que tuvo, no rompió las relaciones diplomáticas y comerciales con nosotros. No tocar a Cuba fue su frase terminante. El gallego supo habérselas. ¡Que se portó bien, caramba!". Los dictadores gallegos se tocan. Tome nota el señor Rufián.

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