sueños esféricos

Juan Antonio Solís

Fredy, el Hombre

CUANDO hoy vea su primerísimo plano en las librerías (una de las 200 fotos que le hizo Ruesga Bono, ese enorme periodista gráfico enamorado de Sevilla), va a sentir más rubor que orgullo. Se lo pensó más de una vez, y de cien quizás, antes de aceptar el proyecto que, hace más de dos años ya, le puse sobre la mesa junto a Romualdo Carnero, editor de Gramática Parda. "No creo que mi historia merezca ser contada en un libro", argumentó. Pero reflexionó, una vez más, y se convenció de que todo el esfuerzo resultará escaso para asistir a esos miles de niños que hormiguean por Malí sin el calor de la familia, sin la luz de la educación, sin el sustento para crecer siquiera.

Se tiene a Fredy Kanoute por un hombre de pocas palabras. Pero cuando abre la boca, revela. Sea en el vestuario, sea en una sala de prensa o sea en uno de tantos actos sociales a los que acude impulsado por su compromiso humanitario, su voz grave jamás ha resultado gratuita. Tanto más si se trata de abrir su mundo interior ante una grabadora, que no se apagó hasta que él consideró que su catarsis era un hecho, que su mensaje ya podía flotar por el aire de Sevilla sin rumbo fijo, como un pajarillo.

Han sido más de 22 horas de encuentros que nacían como entrevistas y acababan como conversaciones. Hoy, esa palabra sincera, trenzada con los testimonios de los afortunados que se ganaron su confianza, se difunde al público. Su libro desprende el olor a hierba cortada de los partidos nocturnos, porque Kanoute es Kanoute por su juego mágico. Pero se trata, sobre todo, del mensaje de un Hombre. Con hache mayúscula.

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