Opinión

Jorge Bezares

Garzón, el cazador

POR estas mismas calendas, hace poco más de 15 años, el juez Baltasar Garzón fue arte y parte en el fin del reinado democrático de los trece años de Felipe González al frente del Gobierno de España. El magistrado jiennense, bien parapetado política y mediáticamente, le dio jaque mate al felipismo destapando de forma más que heterodoxa el caso GAL y colaborando decisivamente en evidenciar la corrupción socialista que el entonces director general de la Guardia Civil, Luis Roldán, convirtió en paradigma del choriceo nacional.

Según consta en las hemerotecas, el PP y Aznar encumbraron a Garzón hasta convertirlo en un probo funcionario, en el adalid de la libertad, en el hombre que veía amanecer. Fueron tantos los elogios que recibió, que el magistrado pareció a veces inmortal y acabó convirtiéndose en la versión española del fiscal italiano Del Piero y sus Manos Limpias.

A pesar de que el PSOE y el Gobierno de González hicieron todo lo posible por desprestigiarlo, Garzón se mantuvo firme, y las urnas pusieron en 1996 en su sitio a los socialistas, que purgaron sus pecados durante nueve largos años de ostracismo.

En estos días que corren, Garzón le ha robado el protagonismo a una crisis económica que cabalga como los cuatro jinetes del apocalipsis por el mercado laboral español dejando, por ahora, más de 3,3 millones de damnificados.

Curiosamente, los que en su día lo santificaron ahora lo denigran cuando estamos hablando de las mismas prácticas que devastaron el ideario socialista. Y Rajoy, incapaz de llegar vivo políticamente a 2012 por el aventurismo de su peor enemiga interna -la misma que lleva años socavándole y denigrándole-, Esperanza Aguirre, decidió ayer en una rueda de prensa tan multitudinaria como patética enrocar a todo el PP, con el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, circunspecto y con cara de cordero degollado cubriéndole las espaldas, y pedir la recusación del juez Garzón, que, en su opinión, forma parte de una trama orquestada por el PSOE para cargarse al PP en vísperas de unas elecciones gallegas y vascas. Eso sí, ignoró la verdadera trama de tráfico de influencias, blanqueo de capitales y demás lindezas que presuntamente han cometido personas vinculadas a su partido en las dos principales comunidades gobernadas por el PP, Madrid y Valencia. Tipos que, de confirmarse las acusaciones, merecen el mismo desprecio que aquellos que Garzón puso con pie y medio en la cárcel cuando el carné del PSOE era un boleto de impunidad.

Que ahora quiera Rajoy tapar las miserias generadas por su partido escudándose en una militancia que nada tiene que ver con estas prácticas despreciables, o que busque minimizar los daños echándole la culpa al empedrado en base a que Garzón coincidió con el ministro de Justicia cazando en una finca de Jaén (cacería organizada, ojo al dato, por el secretario provincial del PP, que ahora no sabe dónde meterse) los mismos días en los que se practicaban las detenciones, sólo pone de manifiesto que no tiene ningún margen de maniobra para poder poner al PP a salvo de esta grave crisis interna. Y, por supuesto, que Garzón es un cazador: desde hace poco más de 15 años dispara contra los sinvergüenzas.

PD: Absolutamente lamentable que Montoro, sin venir a cuento, dijera ayer que "como decimos en los pueblos de Andalucía, esos pueblos que tanto desarrollo económico necesitan, ahora nos hemos quedado sin ¡er Bu! (Bush). Qué hacemos ahora, señorías, sin ¡er Bu! (Bush)". En el PP deberían empezar a ser conscientes de que ésta y otras alusiones no tienen ni chispa de gracia.

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