Visto y Oído

francisco / andrés / gallardo

Gemelas

TODO el mundo, casi todo el mundo, se cree capaz de emular a cualquier chef estrellado. ¿Quién no es capaz de inventar y remedar una emulsión de ajo negro con grosellas encurtidas en vinagreta de rosas sobre lomos de trucha macerados en adobo de jengibre? Eso lo hace cualquiera y por eso, a decenas de miles, volvieron a apuntarse en Masterchef. Cohortes de ilusionados cocinillas que ven en el horno pirolítico una oportunidad para brillar y prosperar. Entre tantos aspirantes es cada vez más difícil hacer una selección de figuras vocacionales, de aficionados asombrosos capaces de plantarle cara a la sombra de Bocusse y Arzak. El jurado de esa santísima trinidad culinaria que forman Samantha, Pepe y Jordi (vértices a su vez de lo que es España) piensa más en el programa que en el concurso: suelen buscar más personajes que cocineros. Ahí están las gemelas jerezanas, Raquel y Virginia, que con unos años menos hubieran dado días de gloria en Menuda noche. Y Emilia, la mayor, como aquella venerable yeyé de Churra, dio un valiente paso al renunciar por salud seguir con el ritmo que obliga este circo de las cacerolas. Una renuncia que generó lágrimas saladas por el barrio.

La cocina siempre pareció fácil pero en la primera prueba de este miércoles se demostró que no es lo mismo ser un avispado con los cuchillos que rematar con pericia una faena con ingredientes malditos y técnicas imposibles. Crear arte de los aromas y sabores. El toledano Carlos, el que ganó por aclamación la pasada primavera, un discípulo excepcional, mostró con su desafío que la cocina, como toda buena práctica, requiere sacrificio, formación y superación. Sus sucesores, por ahora, deben mejorar y superar bastante.

El cook-show de La 1, que se antoja largo cada miércoles, como siempre, irá evolucionando cada semana. Siempre da pereza de primeras engancharse a la encimera. Por eso los concursantes-personajes son necesarios: para conducirnos por el camino hasta quedarnos con los aspirantes asombrosos.

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