Visto y oído

Antonio / Sempere

Genialidad

AL explicarle mi relación de amor-odio con la televisión, mi amigo guionista Germán Aparicio me hacía ver lo agradecido que debíamos estar con ella por todo lo que nos da sin pedirnos nada a cambio. Le damos nuestro tiempo, que no es poco, le replicaba yo. Pero en noches como la del jueves, recordé al amigo malagueño muy y mucho, mientras fui feliz frente al televisor.

Sucedió cuando Yolanda Ramos, esa mujer grande entre las grandes, imitó a Penélope Cruz en las noticias del Saturday night live. Contaba Enric González en su columna que los guiones de este programa son muy limitaditos, por no decir algo peor, dado que el periódico donde daba su opinión, El País, pertenece al mismo grupo que el canal Cuatro. Pero no aludía González al gozo inmenso que reportan esos instantes felices a los que aludo. Instantes que compensan tantos otros.

Cuando una actriz humorista comunicadora tan bien dotada como Yolanda Ramos echa mano de su genialidad, trasciende la mera anécdota que pretende satirizar, y convierte el retruécano en arte. Y hasta justificamos la trayectoria de Penélope Cruz, sus idas y venidas, sus chanzas y sus grititos, para disfrutar de momentazos televisivos como éste.

Hablando de genialidad, también se me viene a la cabeza el tótem informativo que vimos en esa cadena un rato antes, el de don Iñaki Gabilondo. Ejemplo de honestidad, de tesón y de compromiso profesional con independencia de adscripciones ideológicas. Si faltara, ay, si faltara, le llovería panegíricos y loas. Ojalá tarde tanto en jubilarse como Clint Eastwood. Porque tener la posibilidad de escucharle, de reflexionar junto a él, es otro de los lujos a nuestro alcance que nos brinda esa televisión de hoy en día por la que siento esa extraña relación de amor-odio.

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