las dos orillas

José Joaquín León

Un Gobierno sin políticos

LA inquietante conclusión procede de un sondeo realizado por el CIS en 2011, aunque los datos se han dado a conocer ahora. Un 63% de los españoles preferirían un Gobierno de expertos independientes. Algo parecido a lo que hicieron en Italia, donde el perverso Berlusconi fue relevado por Mario Monti, ese señor tan serio y querido en Bruselas, al frente de un Ejecutivo formado por personalidades ajenas a los partidos. La fórmula no parece la mejor desde la ortodoxia democrática. Pero, desde el pragmatismo, hay que reconocer que en Italia, con Monti y los suyos, están capeando la crisis mejor que aquí, con Rajoy haciendo lo contrario de lo que dijo y con Rubalcaba desnortado, mirando a las musarañas.

Un Gobierno sin políticos implica la sustitución de la democracia por la tecnocracia. Aunque sea apoyado en el Parlamento por los partidos elegidos, como sucedió en Italia, está designado a dedo. Algunos dicen que Rajoy y otros políticos, como De Guindos y Montoro, serían excelentes para gobernar en tiempos de bonanza, como le pasó a Aznar, pero no estaban preparados (ni mental ni teóricamente) para lo que se les ha venido encima. Así van tanteando, cuando lo propio del caso sería ir a por todas, sin remilgos ni titubeos, en plan de sea lo que tenga que ser, y sin amagos.

Mario Monti se ha cepillado un montón de municipios en Italia, agrupándolos; ha reducido las provincias y ha tomado medidas que aquí ni se plantean. Aquí UPyD, que pasó por paladín de la democracia cívica y la anticorrupción, ya se ha quejado porque reducir el número de concejales afectaría a la calidad de la democracia, mientras se ha sabido que Nacho Prendes, su diputado en el Parlamento de Asturias (ese chico del escaño de oro), tiene seis asesores. Si pasa esto con los outsiders, o con Valderas tragando todo lo que deba tragar IU en la Junta de Andalucía, figúrense con los partidos mayoritarios, que serían los que más perderían.

A cambio, se sube el IVA o se sube el peaje de las autopistas, como ha subido la gasolina y el diésel a lo bestia, como se eleva todo lo que no toca la calidad de los demócratas. Y así se está consiguiendo el efecto contrario, que no pocos ciudadanos se conviertan en antisistema, desde la ignorancia de que conseguir el sistema costó muchos sacrificios a quienes lucharon por las libertades. Y aunque la Constitución del 78 fue el fruto de un pacto, antes algunos sufrieron penas de cárcel por sus ideas.

En este descontrol, si no se gesta un gran pacto entre los partidos, nos podrían imponer un Gobierno tecnocrático a la italiana. Sería parecido a lo que intentó el general Armada el 23-F, pero sin necesidad de militares ni de Tejero pegando tiros al techo. Las órdenes para sentarse ya se dan directamente desde Bruselas.

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