Visto y Oído

francisco / andrés / gallardo

Goyas

LOS premios de cine con la mejor rima del mundo celebran este sábado su gala, con su puchero de alfombra roja animando la tarde. Surgieron voces críticas por el cambio de día de los Goya al sábado, como si existiera una intención de censura y de esconder el acontecimiento en la gala más esperada desde hacía mucho tiempo: consecuencia de una cosecha excelente. Dicen que lo ubicaron así para que esto fuera seguido por el menor número posible de testigos, ante las movilizaciones y consignas antigubernamentales que pudieran pronunciar los revoltosos integrantes del escaparate. Más de un directivo del PP habrá pensado que cuanto menos público, mejor; en una cadena, La 1, que ahora se ve menos que nunca gracias a los responsables nombrados por Rajoy.

El sábado es una excelente noche para los Goya. Una noche que tiene después todo un domingo ocioso, casi en blanco para los medios, para analizar los premios, las reacciones y los trajes. Sí, la del sábado es la noche de menos consumo televisivo de la semana; la más ingrata para cualquier estreno, en especial musical, como bien saben en La 1; y una noche en la que el público se olvida del televisor. O más bien el televisor se olvidó hace ya años de atender al público.

Pero como sucede con Eurovisión, o con un gran partido de fútbol, el sábado es una noche para disfrutar de los acontecimientos especiales. Una noche para reunirse expresamente ante la pantalla, a gusto: hay pocas cosas que ahora lo puedan conseguir. Unos Goya conducidos por Dani Rovira y con tantos buenos títulos en pugna (aunque la gloria de La isla mínima, tan nuestra, está cantada) son capaces de arrastrar a la audiencia y de recompensar el esfuerzo de La 1. No ha sido mala opción, aunque Wert sabe que también puede ser su gran noche. Si el gremio del cine sabe sacudirse de todas las polémicas a destiempo va a salir aún más fortalecido.

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