la tribuna

Francisco Salas Trujillo

Grandes incendios forestales

EN España, al igual que en todos los países de clima mediterráneo, caracterizado por sus prolongados periodos de sequía, y las altas temperaturas estivales, los incendios forestales suponen la mayor amenaza para la conservación del medio natural, causando importantes pérdidas ecológicas, económicas y sociales y a veces lamentablemente la pérdida de vidas humanas, creándose una gran alarma social.

En las últimas décadas se han destinado importantes medios por parte de las administraciones responsables para combatir el fuego, mejorándose notablemente los dispositivos de extinción. Pero a pesar de ello se siguen produciendo con frecuencia grandes incendios mayores de 500 hectáreas y que a veces alcanzan superficies muy superiores, como han sido los dos incendios recientes de Valencia en los que según las últimas cifras conocidas se han visto afectadas 48.583 hectáreas.

El principal condicionante para que se produzcan estos grandes incendios lo constituye la coincidencia en el tiempo y en el espacio de valores muy desfavorables de los factores meteorológicos y que responden a la conocida como regla del 30: más de 30 ºC de temperatura, vientos de más de 30 km/hora, humedad relativa inferior al 30%, más de 30 días sin lluvia.

Es verdad que difícilmente puede incidirse sobre la meteorología, pero sí es posible hacerlo sobre unas causas estructurales que agravan estas condiciones, como pueden ser la acumulación de combustible vegetal en los montes como consecuencia de la falta de actuaciones sobre los mismos, o el abandono del mantenimiento de infraestructuras preventivas como cortafuegos y caminos forestales, así como las posibles deficiencias en los sistemas de extinción y la ausencia de mecanismos que faciliten la colaboración ciudadana en la lucha contra estos siniestros.

Se hace necesario, por tanto, que la gestión forestal a aplicar en los montes potencie sus múltiples aprovechamientos, que han de ser compatibles con los principios de conservación de la biodiversidad, de gran importancia para el futuro.

Para la retirada de combustible hay que destacar la corta de madera destinada no sólo a sus usos tradicionales (aserrío, tableros, construcción, etcétera), sino que además, como biomasa forestal, puede dedicarse a la producción de energía de carácter renovable. Estas actuaciones deberían completarse con la ejecución de tratamientos selvícolas (desbroces, podas, entresacas, etcétera) destinados a la mejora de las masas existentes para llevarlas a los estados óptimos de producción y estabilidad, garantizando la persistencia de las mismas.

Con esta misma finalidad es necesario el incremento del pastoreo de los montes que supone, igualmente, una importante reducción de la vegetación que es comida por ovejas, vacas y cabras y debe servir también para mantener limpios de vegetación los cortafuegos existentes.

Estas actuaciones contribuyen a la disminución y modificación de la estructura del combustible vegetal dificultando la propagación del fuego, así como a facilitar la penetración y actuación de los medios de extinción.

En la lucha contra los grandes incendios se requiere también que los dispositivos de extinción estén dotados de unos medios humanos debidamente preparados y adiestrados, y de medios materiales aéreos y terrestres necesarios, así como centros operativos y puestos de mando que dispongan de las más avanzadas tecnologías para optimizar la eficacia en la intervención de dichos medios.

Dada la magnitud y duración que alcanzan los grandes incendios el personal disponible puede ser insuficiente para la extinción, por lo que es conveniente disponer de grupos de voluntarios, debidamente preparados, para que realicen tareas de bajo riesgo como vigilancia de perímetros de incendios extinguidos o controlados para evitar su reproducción. También puede ser necesario disponer de más medios terrestres de los asignados al incendio como maquinaria y vehículos cisternas o de transporte de personal que pueden ser aportados por propietarios de fincas forestales de la zona.

Pero para que esta ayuda externa sea útil ha de estar debidamente organizada, correspondiendo a los ayuntamientos esta misión mediante la constitución y preparación de los denominados Grupos Locales de Pronto Auxilio, formados por personal voluntario, así como la de promover las Agrupaciones de Defensa Forestal (ADF) en las que se integran los propietarios de fincas. Finalmente pueden prestar una importante labor de asesoramiento, por su conocimiento del terreno, miembros de determinados colectivos ligados al medio rural como cazadores, pescadores o colmeneros.

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