La esquina

Gratis no es

NO hay que creerse nada, pero absolutamente nada, de ninguna promesa electoral que implique la gratuidad total de un servicio o una prestación. Son las más demagógicas.

Lo que suele ocurrir con las promesas del gratis total es que, o el prometedor pierde las elecciones y no tiene sentido pedirle responsabilidades por el incumplimiento, o las gana, y entonces empieza a hacer cálculos y no le salen, y sobre el compromiso cae el velo pesado del olvido. Así ha sucedido en Andalucía con las vacaciones gratuitas para las amas de casa o las habitaciones individuales en los hospitales.

Pero, en realidad, el fraude comienza antes. El fraude comienza en el propio concepto de lo gratuito. Todo lo que hacen los gobernantes se paga. Se paga con los impuestos de los contribuyentes. La única función de los gobernantes es escoger -a ser posible, bien- en qué se invierten o se gastan estos impuestos. Las prioridades, que se llaman. Si alguien decide dedicar equis millones de euros a, por poner un caso, llevar internet gratuito a todos los hogares o a regalar bonos para las guarderías, ha de saberse que esos equis millones de euros ya no pueden destinarse a otros menesteres. Los presupuestos no son de chicle, como sienten en sus carnes las familias cada mes. Podrían convencernos de que el ADSL gratuito es lo mejor del mundo o de que no hay inversión de futuro más rentable que la que se hace en guarderías, pero, por favor, que no nos engañen pretendiendo colarnos que todo eso es gratis.

Hay mucha mentira envuelta en seda circulando por ahí, y no sólo por la campaña electoral. Tomen el caso de la producción de energía. Todo el mundo se apunta sin titubeos a las energías renovables, nada de energía nuclear ni derivada del petróleo. Vengan placas solares, venga energía eólica. Nuestros pueblos rivalizan a ver quién alberga antes una instalación fotovoltaica. Una propaganda del PSOE da la bienvenida a Andalucía, "donde el sol enciende las bombillas". Pero el sol por sí solo no enciende ninguna bombilla. Hay que aprovechar sus rayos mediante un proceso industrial costoso y poco productivo. Nadie nos explica que estas instalaciones están fuertemente subvencionadas y que la energía que generan es cinco o seis veces más cara que las otras. Si nos la cobrasen a precio de mercado, sin ayudas oficiales, ¿estaríamos dispuestos a pagarla? Todos somos defensores del medio ambiente, incluso del ambiente entero, pero ¿asumiríamos el coste?

Otro ejemplo, el cambio climático. El comisario europeo de Industria lo ha avisado: "Reducir las emisiones contaminantes no será barato". Debemos aprender eso. Las aspiraciones medioambientales no son baratas y las promesas electorales no son gratis.

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