La tribuna

JOSÉ IGNACIO RUFINO RUS

Grecia-Troika: el partidazo

LA victoria de Syriza en las elecciones griegas y la visita de sus principales representantes a los amigos y enemigos interiores de la Unión Europea ha dejado esta semana una serie de impagables detalles. Símbolos, actitudes, pequeños guiños a la galería, marketing político y personal. Y por supuesto, asuntos de materia esencialmente económica. Antes de comentar algunos jugosos aspectos formales, pero no meramente cosméticos, de esta tournée debutante, digamos que no va arder Troya (ni Berlín, ni París). Al menos a corto plazo.

Cierto es que buena parte de la prensa de referencia alemana afirma -con razón, aunque no con toda- que perdonar a Grecia parte de lo que ha pedido por su boca sería a costa del contribuyente europeo y, muy particularmente, del alemán, y que combatir la ciclópea y consuetudinaria evasión fiscal o, sencillamente, elaborar un catastro nacional son obligaciones en las que los griegos van muy tarde. Pero otras voces, como la del presidente de la Comisión Europea, abren la puerta con ansiedad mal disimulada al entendimiento de la UE con la nueva Atenas en manos de los muy electos representantes de un pueblo acorralado por sí mismo y por la troika: le advierte Juncker al flamante primer ministro Tsipras que su incontestable victoria en las urnas "no va a cambiarlo todo en la UE". O sea: "todo", no; pero unas cuantas cosas, sí; no hace falta ser un lince para captarlo.

Por ejemplo, que no va a haber "quita", pero sí reestructuración de la deuda en plazos e intereses, quizá vinculando su devolución a la marcha económica del país. Puede muy bien que incluso con la conversión de bonos públicos helenos en manos del BCE en bonos perpetuos, es decir, que sólo pagarán intereses: una quita vestida de limpio (atenta, España: calienta). No descartemos que Syriza acabe siendo más regeneradora que radical -tome nota Podemos-, y que esta Grecia no resulte a la postre ser el detonante de un cambio de paradigma en la política económica europea. Ayer jueves, sin embargo, llegó el viejo Schauble con la rebaja: el posicionamiento del ministro económico de Merkel fue típico de una negociación extremada, de tahúr del Mississipi: "No. No. Y no". El teutón hace ver que no le importa Atenas ni Troya: que ardan si no siguen el guión y no se someten a la troika. ¿Farol? Ah, la troika, ese vigía de la reforma y la austeridad formado por la Comisión, el FMI y el BCE, que casi había sido despachada el miércoles, sin previo aviso y con un sorprendente consenso acerca de la pertinencia de su disolución. Una regencia nunca votada cuya amortización no dejaría de ser un síntoma de salud tras largos años -siete, ocho- de sangre, sudor y hierro para algunos, España incluida. Recordarán el terceto final del soneto de Cervantes al túmulo de Felipe II: "Y luego, incontinente,/caló el chapeo, requirió la espada,/miró al soslayo, fuese, y no hubo nada". Lo más sólido, el tótem más sacrosanto, resulta removerse y evaporarse de pronto y sin que pase gran cosa, mariposa. Con permiso de Alemania, claro es.

Hagamos finalmente un poco de economía amarilla de esta sorprendente semana. ¿Qué me dicen del bello ministro económico Yanis Varoufakis, estiloso y anticorbata, motero de gran cilindrada, escritor en sus ratos libres, casado de segundas con una también hermosa artista de enigmática creatividad; un bobo -burgués bohemio- de manual, bloguero y tuitero apasionado y defensor del sueño abundante? Tsipras y Varoufakis -¿quién es jefe de quién?- han hecho pandilla con Renzi, que es corbatero aunque sea de izquierdas: Italia es la patria de la corbata interclasista. Y con Hollande, que se cura en salud diciendo que un bloque sureño en la UE sería bonito, aunque, de nuevo, con permiso de Alemania. ¿Y qué me dicen de Juncker llevando de la manita, ante las cámaras, un buen montón de metros a Tsipras al recibirlo en la sede de la Comisión Europea?

Si esto no suena a tanteo entre partes que necesitan negociar, que venga Dios y lo vea: hay intereses de todos los colores: conflictivos, complementarios, comunes. Aunque la silla de ruedas de Schauble tiene infinitamente más distancia comunitaria recorrida que la Yamaha 1300 de Yanis en su cuentakilómetros, el griego tiene una bomba en la agenda (cuyas principales víctimas son griegos, eso sí). De momento, el feo avisa a la estrella mediática por calar: "Ni contratas funcionarios, ni subes el salario mínimo. O te corto el grifo". "¿Ah, sí? ¿A que dejo de pagar?". Y así.

Apasionante momento europeo: tomémoslo así. Más nos vale. ¡A jugar!

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