La esquina

josé / aguilar

Grecia no tiene cartas

SE ha abierto una rendija de esperanza en la crisis de Grecia tras las propuestas de la UE de rebajar el IVA al sector turístico y del Gobierno griego de solicitar un tercer rescate y una reestructuración de su deuda para hacerla más soportable. Ojalá prospere el acercamiento y se evite el último paso hacia el abismo, que se adivina perjudicial para Europa y ruinoso para Grecia.

Como en cualquier otro conflicto de intereses, las dos partes tienen sus razones, y lo que menos conviene es acercarse al problema desde un planteamiento maniqueo, de buenos y malos. Hay que tratar de comprender a unos y otros, incluso aparcando los argumentos ideológicos y políticos: la troika (UE, BCE, FMI) está gobernada por los partidos de la derecha y la socialdemocracia, mientras que Syriza representa la opción de la izquierda alternativa. Sus recetas son inevitablemente contrapuestas.

Dejando aparte esta dicotomía, lo que aparece es una incongruencia del Gobierno griego entre las cartas de que dispone para jugar la partida y el talante con que la afronta. Los acreedores de Atenas quieren por encima de todo cobrar lo que han prestado en dos rescates para salvar la economía griega (no sé si 230.000 ó 260.000 millones de euros). Los gobernantes griegos piden aliviar su obligación a través de quitas, menos intereses y más plazos, porque ya no pueden imponer más sacrificios a una sociedad espectacularmente empobrecida.

Hasta ahí, normal. La diferencia consiste en que la prepotencia de los acreedores es criticable y contraproducente porque si Grecia abandona el barco europeo saldrán perdiendo todos, mientras que la prepotencia de Tsipras y Varufakis -por cierto, ¿de qué se ríe continuamente este hombre?- les conduce al desastre. Europa se verá perjudicada si no hay acuerdo, pero Grecia quedará hundida. Porque su problema no es que no pueda afrontar la deuda ya contraída, sino que necesita que sus acreedores le sigan prestando euros. Lo necesita en sentido estricto: para pagar las pensiones y las nóminas de los funcionarios. Para subsistir como Estado.

Luego, ya en la ruina, podrá culpar de sus males al "terrorismo financiero" del que hablan los ignorantes de Podemos y apelar a la dignidad nacional ofendida. Quizás la UE juega con cartas marcadas, pero Grecia es que no tiene cartas. No está en situación de imponerle nada a quien dispone de la llave de su propia supervivencia. La chulería de Tsipras no se entiende.

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