pantalla de humo

Francisco Andrés Gallardo

Halterofilia femenina en Teledeporte

Arrimadas fue la que mejor aprovechó el debate de Antena 3, con Margarita Robles despistada

SE acabó el político de despacho y pasillo. Ahora los que parten la pana dialéctica (y demagógica, también) se forjan bajo los focos, replicando a los Ferreras, aguardando ante las unidades móviles y bailando con hormigas. Un político fuera del tiesto de la tele se queda sin oxígeno. En estos tiempos, casi sin oficio. La socialista Margarita Robles, la madre del anuncio de Job Today, pertenece a otro tiempo, cuando un gestor se fajaba entre sus iguales y no ante contertulios vocingleros. En el debate a cuatro de Antena 3 fue la que se tropezó más con el balón, la que le costaba más entrar en el juego, la que llegó a despistarse en sus acusaciones y la que no miró a la cámara correcta en el minuto final, que se ha revelado realmente como un minuto decisivo. Mal debut para el PSOE, tan necesitado como está de remontar, en esta fase de grupos electoral.

Y mal resultado general en esta liguilla de voleibol femenino por Teledeporte, esta exhibición de halterofilia con atril capitaneada por el templado Vicente Vallés donde las participantes se dedicaron más a emular a los congéneres masculinos que a ser ellas mismas. Renunciaron a debatir e interesar con la nueva política que traen las mujeres del siglo XXI. No aprovecharon la oportunidad para tratar de esas otras cosas que los políticos maltratan con partidismos: la educación, el bienestar social. Vallés tuvo que poner orden en algunos momentos en un trajín que no se presentía. Si era por bronca sin complejos, en la competencia, en Telecinco, exhibía sus dotes maestras Mila Ximénez ("en el p. infierno de Supervivientes"). La audiencia prefirió por mayoría este jueves a la hija de la Pantoja y otros muertos de hambre en la playa. El 26-J femenino fue recibido con frialdad por los noctámbulos.

La diputada Carolina Bescansa ejerció de socialdemócrata, el mensaje y la imagen moderada de Unidos Podemos, donde va a estar la clave del lunes, ya con los primeros espadas (símil taurino que, reconocemos, no está de moda). De nuevo, la culpa fue de los otros; de los demás, que no se han empeñado en llegar a un acuerdo. Ahí la vicesecretaria popular Andrea Levy llevaba las de perder, porque todos los cuchillos iban directos a su rincón. Empezó con un nerviosismo impropio para este trance (lo de aclimatarse a los focos, como hacen los cabecillas de Podemos, no es exageración) y su mejor defensa fue no aparecer demasiado. Un catenaccio propio de Albania, por lo menos. La más suelta, la más convincente era la más televisiva, Inés Arrimadas, jefa de la oposición en el Parlament a cargo de Ciudadanos. Las horas de piloto rojo cuentan en el currículum y la jerezana sabía llevar los temas a su banda, la crisis, la corrupción y, por supuesto, Venezuela.

Hablar de la ropa, la escenificación personal, no es una inclinación machista en este caso. Cada una de la comparecientes fue a tono con la imagen que pretendía dar, otra cosa fue la impresión que realmente dieron. Robles y Arrimadas coincidieron en la chaqueta roja y la blusa blanca, a lo Susana Díaz, colores institucionales en el caso de la socialista, con pantalón blanco. Robles representaba la responsabilidad y la experiencia; Arrimadas, pantalón negro, la solvencia de tinte juvenil, la madurez de una generación, la de Rivera, dispuesta a tomar el timón con precocidad kennedyana.

Levy y Bescansa jugaron al desconcierto. La del PP, casi camuflada con el fondo con su modelo denim, ejercía una jovial discreción, la mujer eficaz en la sombra. Y la de Podemos Unidos, con una minifalda desafortunada, llevaba blusa y cárdigan a lo Ada Colau, pero como si la alcaldesa de Barcelona hubiera perdido el tren.

Como programa, el debate de Antena 3 fue sencillamente cansino.

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