La ciudad y los días

Carlos Colón

Herencia republicana

QUE un partido político con peso histórico y significativa, aunque menguante, presencia política haga público un manifiesto en el que, como reproducíamos ayer, se dice que "la actual Constitución monárquica perpetúa un régimen político antidemocrático en su cúspide" supone una actitud desleal para con el ordenamiento constitucional. Y que añada, como ha hecho el grupo municipal de IU apoyado por el PSOE, que "en la España de hoy el sistema republicano encarna la defensa de los derechos y libertades democráticas" es un insulto a ese mismo ordenamiento que, por lo visto, no los encarna.

De esto ya me ocupaba ayer. Quedaba por añadir que, tras los franquistas, nadie reúne menos méritos históricos para celebrar a la II República que los herederos de los comunistas que la saludaron en 1931 con el grito leninista de "¡Todo el poder para los soviets! ¡Abajo la República burguesa!"; la hostigaron durante toda su duración; y la apoyaron durante la guerra, siguiendo las instrucciones de la Internacional Comunista, sólo para fortalecer sus posiciones y, en el caso de que se ganara la contienda, "ir más allá" (la expresión es de Dimitrov: "Actuamos bajo la bandera de la defensa de la República… En otras palabras, camaradas, creemos que en la presente situación internacional es ventajoso y necesario para nosotros llevar a cabo una política que pueda preservar la oportunidad que tenemos de organizar, educar, unificar a las masas… Cuando hayamos fortalecido nuestras posiciones, entonces podremos ir más allá").

Esto no es revisionismo, como le espetó Rodrigo Torrijos a la oposición con un viejo tic comunista (revisionistas llamaban peyorativamente los marxista-leninistas a los socialdemócratas), sino Historia. Como Historia son los diarios de guerra de Azaña, en los que anotó: "Le pregunto por los comunistas. Su política -me dice- consiste en apoderarse de todos los resortes del Estado… Por grande que sea la capacidad imitativa de los comunistas, aquí no podemos adoptar los métodos moscovitas, que cada tres o cuatro meses descubren un complot y fusilan a unos cuantos enemigos políticos".

La lección ética y democrática de la II República está en Julián Besteiro o Fernando de los Ríos, no en el PC. Sus herederos naturales son todos los demócratas y sus herederos históricos los socialistas, no los comunistas. Lástima que la hayan dilapidado, que no la representen con la dignidad que se merece y que utilicen la II República como un Ganges en el que purificarse de sus culpas políticas, de su apostasía ética e ideológica y de sus renuncias sociales, educativas y culturales.

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